jueves, 5 de diciembre de 2013

- CARTA DE LAICIDAD EN FRANCIA.

La Carta de la Laicidad


1. Francia es una República indivisible, laica, democrática y social que respeta todas las creencias.


2. La República laica organiza la separación entre religión y Estado. No hay religión de Estado.


3. El laicismo garantiza la libertad de conciencia. Cada cual es libre de creer o de no creer.


4. El laicismo permite el ejercicio de la ciudadanía, conciliando la libertad de cada uno con la igualdad y la fraternidad.


5. La República garantiza el respeto a sus principios en las escuelas.


6. El laicismo en la escuela ofrece a los alumnos las condiciones para forjar su personalidad les protege de todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección.


7. Todos los estudiantes tienen garantizado el acceso a una cultura común y compartida.


8. La Carta del Laicismo asegura también la libertad de expresión de los alumnos.


9. Se garantiza el rechazo de las violencias y discriminaciones y la igualdad entre niñas y niños.


10. El personal escolar está obligado a transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo.


11. Los profesores tienen el deber de ser estrictamente neutrales.


12. Los alumnos no pueden invocar una convicción religiosa para discutir una cuestión del programa.


13. Nadie puede rechazar las reglas de la escuela de la República invocando su pertenencia religiosa.


14. Está prohibido portar signos o prendas con las que los alumnos manifiesten ostensiblemente su pertenencia religiosa.


15. Por sus reflexiones y actividades, los alumnos contribuyen a dar vida a la laicidad en el seno de su centro escolar.

 

Fuente: El País

miércoles, 4 de diciembre de 2013

- PARADOJAS DEL PARO.

Aunque la economía española sigue destruyendo empleo, el dato de noviembre ofrece algunas paradojas. La lista de parados registrados adelgazó en 2.475 empleados, con lo que la cifra muestra una tendencia buena: es el primer descenso del paro en noviembre, un mes malo por razones estacionales, desde 1989. La paradoja es que, aunque este dato sea a todas luces positivo, se sigue destruyendo empleo.
De modo que las cifras inducen a una expectativa de mejora real. Pero conviene no confundirla con una tendencia inequívocamente optimista. Entre otras razones —y es una paradoja más a añadir— porque la generación virtual de empleo registrada se contrarresta por una fuerte destrucción de empleo a lo largo del año, que se hace invisible porque cae la población activa. Los que buscan trabajo se desaniman y desapuntan; muchos jóvenes retornan a las aulas y bastantes inmigrantes vuelven a casa. La potencia laboral española se ha reducido hasta 16 millones de trabajadores, al nivel de finales del siglo pasado.
Si la coyuntura laboral registra ecos de los primeros síntomas de crecimiento económico (aún débil), el Gobierno debería basarse en ellos para multiplicarlos. Y evitar la mezcla de espíritu contable (el angustioso rastreo de una décima positiva) y de tentación propagandística. Así no habrá declaraciones apresuradas sobre la destrucción de empleo, como las recientes del presidente Rajoy, que pueden humillar, aun sin pretenderlo, a tantos. Otra paradoja más procede de la composición del empleo nuevo. Crecen exponencialmente los contratos temporales y parciales en relación a los fijos, que solo suponen un 7,5% de los firmados. Es lo contrario de lo que defendían los autores de la reforma laboral al presentarla como fórmula contra un mercado de trabajo dual, dividido entre contratos fijos (cada vez menos) y temporales (cada vez más). España parece ir ineluctablemente hacia la disminución clara de los contratos indefinidos.

Lo que hace falta es más acción política para dar prioridad a la economía productiva y a una política industrial como propugna la UE; desplegar políticas activas de empleo, entre ellas el impulso a los servicios y agencias de colocación, tanto públicos como privados; y acelerar la aplicación del plan de empleo juvenil. O sea, más hechos, porque palabras ya hay suficientes.

jueves, 21 de noviembre de 2013

- UNA SOCIEDAD QUE AVERGÜENZA.

La sociedad española parece tener un buche en el que cabe todo. Engulle lo que le echen en tales proporciones que pronto habrá de habilitar esófago, estómago e intestinos para seguir almacenando lo que ingiere. El saco de la suciedad soportable se ha ido llenando al punto que ya desparrama fuera sus excrementos como lo hizo la basura de Madrid. Hasta las más inmensas tragaderas tienen un límite de espacio, no parece en el caso español. Estamos dando como pueblo un espectáculo deplorable.
Los poderes nos suministran porquería prácticamente a diario. Y la mayoría la ingiere sin mirarle el diente. Es la sentencia del Prestige, que deja la catástrofe sin culpables tras 11 años de dilación para alimentar el olvido. El chapote que sí existió tizna a la justicia y a la propia sociedad complaciente. Son los 45 diputados del PP valenciano –de los 54 electos– firmando una petición de indulto para que no entre en prisión el colega que prevaricó en Torrevieja, según condena judicial –que alguna hay–. Siguen la estela, por cierto, del magnánimo Gobierno central, presto a eximir de la cárcel a toda suerte de corruptos y estafadores de altura, torturadores, y hasta a homicidas al volante que hayan tenido la previsión de contratar los servicios del bufete adecuado. La podredumbre de la vida política actual nos entronca con los periodos más negros de nuestra historia.
Hemos visto cosas que no creeríamos. No hasta ese punto y con tanta frecuencia. Cada uno de los escándalos desvelados hubiera costado el puesto, la caída del Gobierno incluso, de forma fulminante; la aglomeración parece diluirlos. El aire se enturbia cada día más, lo viene haciendo a golpes continuos de hollín hasta haber llegado al nivel de irrespirable. Mientras, los autores del desastre caminan, erguidos y suficientes, como si nada fuera con ellos.
Cuando supimos, publicado en prensa y confirmado por él, que todo un presidente del Gobierno intercambiaba SMS de ánimo con su extesorero imputado por corrupción vinculada a su partido, pensamos que todo habría de estallar necesariamente. Sueldos, sobresueldos –hasta en A, que son casi igual de flagrantes–, donaciones al partido de las mismas empresas que reciben el contrato público de cuanto se gestiona y construye en España. Y a las que la justicia no ve relación punible porque no han firmado un escrito en el que diga: vale por un cohecho. Borrado de ordenadores comprometedores que tampoco merecen sospecha judicial. Privatizaciones cuyo tufo atruena. Finiquitos diferidos. Recibís que se firman sin que medie la recepción del dinero, según se atreven a declarar. Ni el más surrealista de los autores de ficción osaría escribir un guión tan zafio e inverosímil. Interpretado, además, por un elenco de actores de tan ínfima categoría que parecen reclutados en un desguace. De Botella a Montoro, pasando por González, Báñez, Mato, Soria, Fabra, Camps, Barberá, Bauzá, Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, encabezando la interminable lista.
¿Nos toman por idiotas? Puede ser, pero sin duda por mansos, o moldeables. Porque, siguiendo la triste tradición de nuestro país, a quien protesta se le acalla. Por el método que sea. Saben –y ése es su triunfo– que mientras no estalle eso que llaman en términos elogiosos su “mayoría silenciosa”, sumisa, hay margen. Y, si no, se construye el entramado legal y judicial ad hoc. El Código Penal de Gallardón o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz en Interior, altamente represora. Para cortar reclamaciones molestas o ante cualquier eventualidad, María Dolores de Cospedal avanza ante las NNGG que el PP piensa poco menos que sacar a España de la jurisdicción de los tribunales Internacionales. Y ni se inmuta al decirlo. Ni la sociedad al escucharlo.
Asistimos al patético episodio de ver en el mismo escenario, al presidente del PP y del Gobierno –que solo habla ante quien le aclama y le corea– aplaudirse a sí mismo por sus imaginarios éxitos, al cumplirse la mitad de su mandato. Tan encantado con su labor está, que promete persistir en ella: nos seguirá empobreciendo y aumentando la desigualdad social con sus “reformas”. Él y los suyos están mejor que hace dos años, no el resto. Sin duda.
La lista de irregularidades es tan larga que la mayoría la olvida entretenida en su labor de embuchar hasta sapos con púas. Cierto que tanto golpe seguido, tanta desfachatez andante, puede terminar por anestesiar. Si se está enfermo; una sociedad sana no lo toleraría. En ningún país serio seguiría en la presidencia del Gobierno una persona que ha mentido desde la primera a la última de sus palabras y que se halla circundado por SMS y cuentas turbias. No continuarían ni un minuto más en su puesto los 45 diputados valencianos. Ni los órganos de la justicia que alojan en sus estómagos sentencias como la del Prestige y todas las que se avecinan, dando una insufrible sensación de impunidad. No se aguanta esta batería de desafueros en otros países aunque no sean un dechado de virtudes. Se echa a los corruptos. Se van ellos, incluso. Antes incluso del proceso judicial; la sospecha fundada, tanta sospecha fundada mancha.
En el llamado “escándalo de los gastos parlamentarios” de 2009 en el Reino Unido, se penó el robo de cantidades que aquí son calderilla. La sensible diferencia es que todos ellos fueron obligados a dimitir. Que sus partidos se mostraron férreos con eso. Y que en las calles de Londres la ciudadanía evidenció su enorme rechazo, su irritación, su determinación irrevocable de castigar estas prácticas. Vengan de donde vengan. Aquí no ocurre. Ni por asomo.
Hace meses que la prensa internacional se pregunta hasta dónde va a aguantar la cuerda a Mariano Rajoy y su partido. En julio decía The Economist: “La corrupción es la piedra de molino del señor Rajoy. ¿Va a hundirlo? La combinación de una mayoría parlamentaria absoluta, una inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles, escándalos similares que golpean la oposición socialista y un sistema judicial lento significa que probablemente no lo hará”.
Esa “inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles” que los medios extranjeros resaltan duele y avergüenza profundamente a los españoles decentes. A los que aún arriesgan su dinero y su trabajo para defender, por ejemplo, la sanidad pública, ahuyentando a los buitres que vienen a comer lo que han convertido o quieren convertir en carroña de la que lucrarse. A los que han dejado unos días la basura en la calle –como metáfora– para no emporcar más los salarios y condiciones laborales de los españoles. A quienes no quieren ser identificados con la España corrupta.
¿Cómo ha podido convertirse en normalidad esta inmundicia? ¿Qué puede germinar en esta mugre? Sea cual sea su papel en la obra, protagonista o secundario, si usted es de los que tiene tan empachado el buche que ya se le confunde con el intestino, mírese al espejo y reflexione si ve en él a un ciudadano o qué ve. Sinceramente.
Rosa María Artal.

lunes, 18 de noviembre de 2013

- LAS 15 ROSAS DE LA PUEBLA DE GUZMÁN.

La larga noche de las rosas de Puebla de Guzmán ya ve la luz.

“Se hacían interminables las noches, insufribles”.  Para Beatriz, que ya le habían matado a su hijo Gaspar. Para María y para María Dolores. Para María Márquez y María Rodrigo, a cuyo hermano también lo habían asesinado. Para María Peña, para María San Blas y para Catalina, “que no conocía eso que sus verdugos llamaban política o comunismo”. Para María Blasa y para Dolores, de la que intentaron abusar hasta la misma noche de su asesinato. “Las dejaron en el cementerio, amontonadas en una fosa abierta. Y allí las echaron. Y allí están, amontonadas”, cuenta el periodista Rafael Moreno en su libro Perseguidos, editado por el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Social de Andalucía de CGT-A.

“Se hacían interminables las noches, insufribles”.  Para Beatriz, que ya le habían matado a su hijo Gaspar. Para María y para María Dolores. Para María Márquez y María Rodrigo, a cuyo hermano también lo habían asesinado. Para María Peña, para María San Blas y para Catalina, “que no conocía eso que sus verdugos llamaban política o comunismo”. Para María Blasa y para Dolores, de la que intentaron abusar hasta la misma noche de su asesinato. “Las dejaron en el cementerio, amontonadas en una fosa abierta. Y allí las echaron. Y allí están, amontonadas”, cuenta el periodista Rafael Moreno en su libro Perseguidos, editado por el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Social de Andalucía de CGT-A.

El desfile continuó con Antonia, Concha, Mercedes, Sampedro, Dolores y Concepción, cuyo hijo, Félix, no dejó crecer, mientras vivió, jaramagos, ni cardos, ni ortigas sobre la fosa donde enterraron a estas 15 mujeres. Cuenta Moreno que Félix sembró un rosal, lo injertó con otros y salieron rosas rojas, amarillas, lilas… Y allí, en el viejo cementerio de Puebla de Guzmán (Huelva), siguen ocultas bajo la maleza esas otras 15 rosas y su crimen, sólo recordadas por José, un hombre de 95 años, hijo de María Blasa, una de ellas.

José, aquejado de una bronquitis, no pudo asistir al acto de presentación del libro, cuyo germen fue publicado previamente en este periódico por el propio autor el pasado junio. Pero no pudo contener la emoción en su casa, cuando supo que el alcalde, Antonio Beltrán (PSOE), había anunciado que buscará y exhumará la fosa donde supuestamente está su madre y las otras mujeres. El regidor lo hizo público la semana pasada ante unos 150 vecinos, que no cabían en la biblioteca municipal, donde se celebró el acto. “Hemos recogido el sentir de los vecinos y el Ayuntamiento asumirá, con subvención o sin ella, la investigación y la posterior exhumación de la fosa por una cuestión de orden moral, porque los vecinos tienen que ver reparada la memoria de sus familiares“, confirmó a Andalucesdiario.es el alcalde, que insiste en que es una obligación investigar esos crímenes. En Puebla de Guzmán, entonces con unos 6.000 habitantes -hoy la mitad-, se calcula que mataron a más de 80 personas.

El pasado julio, el Ayuntamiento solicitó una subvención a la Dirección General de Memoria Democrática de la Junta para iniciar los trabajos pero fue denegada por “puntuación insuficiente”. Según el alcalde, la primera fase, la de investigación, supone un coste de 23.000 euros. “La siguiente fase, la de la exhumación, la tiene que cuantificar aún la arqueóloga”, aclara el alcalde, con quien -asegura- mantendrá una reunión la semana próxima.

76 AÑOS OCULTO

“No se ha hecho nada en 76 años hasta ahora. Esta fosa está también incluida en el mapa elaborado por la Junta de Andalucía en 2011. Pero, insisto, no se ha hecho nada hasta que no se ha publicado esta historia. Ese momento en la biblioteca fue precioso. Es un ejemplo más de la importancia de airear estos casos”, explica el editor, Cecilio Gordillo, que llevaba preparado un escrito para el alcalde donde pedía la intervención en la fosa. “Si algo bueno tuvo el boom de la memoria histórica es que animó a mucha gente a salir del silencio”, añade el historiador Francisco Espinosa en el prólogo.

Rafael Moreno destaca también la importancia de la publicación para arrancar compromisos a la administración. El autor confía ahora en que el alcalde efectivamente cumpla: “Sobre todo por José, un hombre que se sigue emocionando y que, de alguna manera, esto le va a permitir descansar al menos un poco”.

José Domínguez, conocido como Pedro el Sastre, fue enviado al frente a batallar donde operaban las tropas italianas que apoyaban a Franco en La Alcarria. Desde allí mandaba cartas a su madre sin saber que la habían matado. “Madre, no me llegan noticias suyas. Creo que no ha recibido la primera carta que le mandé en septiembre, nada más llegar a estas tierras alcarreñas. Me resulta extraño este silencio de letras y tintas pero serán cosas de los correos en tiempos de guerra”, escribe en una misiva recogida en el libro. Su memoria ha puesto nombre y apellidos a unas mujeres, a unas vivencias y recuerdos que, como subraya Francisco Espinosa, muy difícilmente habrían entrado en los libros de historia. José, con 95 años, ha logrado que todos los demás recuerden también a las Rosas de Guzmán.
.http://www.andalucesdiario.es

 

viernes, 15 de noviembre de 2013

- MÁRTIRES.

La Iglesia ha beatificado a 522 religiosos de la Guerra Civil sin importarle despertar los viejos fantasmas de aquella gran matanza.

Las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil produjeron la misma cosecha de mártires, de uno y otro bando. Desde entonces persiste una profunda cicatriz que aún supura, porque unos mártires están en el altar y otros en la cuneta; a unos los envuelve un coro de ángeles en el cielo, a otros solo les cantan los pájaros en los árboles. El olor a cera e incienso perfuma los pies de escayola de los mártires beatificados; pero los enterrados en los barrancos reciben el aroma de las plantas silvestres, la lavanda, el anís, el tomillo y el espliego. A los mártires de la Iglesia les rezan los fieles de derechas; a los asesinados del otro lado las plegarias las trae el viento que dobla los narcisos salvajes sobre su memoria. En los retablos barrocos envueltos en falso oro, las hornacinas cobijan a los religiosos que fueron vilmente asesinados; los mártires laicos, alcaldes, maestros, obreros, funcionarios y militares demócratas, que cumplieron con su deber y cayeron después de la victoria bajo los fusiles en las tapias de los cementerios solo son glorificados por el sol, que al amanecer y al final de la tarde les ofrece con el incendio de las nubes un retablo de oro puro. A simple vista parecía un acto fanático y provocativo. En medio de la crisis social y política que azota y divide a este país, la Iglesia se ha marcado el farol de beatificar a 522 religiosos asesinados en la Guerra Civil sin importarle en absoluto despertar y poner al día los viejos fantasmas de aquella gran matanza entre hermanos. Durante la ceremonia el papa Francisco mandó un mensaje aséptico, sin atreverse a tocar el hueso. Por lo visto es más fácil echar mermelada sobre los pobres, dejar de calzar las sagradas pantuflas, enfrentarse a los cocodrilos de la curia, montar en coche utilitario y mezclarse entre la multitud sin temor a un atentado que aludir, aunque solo fuera de pasada, a los mártires que generaron los crímenes del franquismo. Es imposible que un argentino no encontrara las palabras siquiera ambiguas, si no es por el miedo cerval a molestar a una derecha dura, que es tenaz con su ideología. Pero, después de todo, lo peor no es esto, sino que un día volverá al poder la izquierda y atrapada en el mismo miedo tampoco va a hacer nada para que cese de una vez esta ignominia.
Manuel Vicent