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lunes, 4 de julio de 2016

- ¿QUÉ LE DAS, MARIANO?

¿Qué les das, Mariano?


A muchos se les notan demasiado las ganas que tienen de que haya un Gobierno para empezar a matarse entre ellos y darse un buen baño de sangre.

Ha pasado una semana de las elecciones y seguramente la mayor preocupación que tiene en este momento Mariano Rajoy pasa por la caída de Alberto Contador en el Tour. Era previsible que se sentase a esperar a que la presión ambiental acabase forzando a Ciudadanos o al PSOE a apoyar de alguna manera su investidura, pero a este paso va a tener que acabar dándoles número para ordenar la cola de aspirantes.
Rajoy ha ido a Bruselas a explicarles a los líderes europeos que no se arregla la chapuza del Brexit armando otra en Escocia, ha respondido un par de preguntas, ha dado unos pases toreros a la prensa anunciando llamadas y consultas indeterminadas en las coordenadas espacio-tiempo, ha efectuado una llamada universal a la tranquilidad en plan Dalai Lama y le ha propinado una colleja a un hiperactivo Albert Rivera que necesita urgentemente que alguien le informe que ha terminado la campaña electoral. Esa ha sido toda la agenda que Rajoy ha necesitado para sacarse de encima la presión y pasársela la resto de la humanidad.
No hay día que la prensa no nos cuente un plan de Rajoy para ser investido o una oferta de reforma constitucional, de Gobierno o de mediopensionista que el PSOE o Ciudadanos no podrán rechazar. En una semana le han dicho tantas veces lo que tiene que hacer que para quedarse los mismos que hace nada le decían que se fuera que los desayunos del presidente deben ser un no parar de reír.
En Ciudadanos dan ruedas de prensa cada seis horas como si les hubieran secuestrado y tuvieran que demostrar que siguen vivos. Luego de que la pomposa carta de Rivera invitando a PSOE y a PP a negociar un Gobierno fuera devuelta al remitente, no hacen otra cosa que desmentirse a sí mismos. Rajoy acabará teniendo problemas no para llegar a un acuerdo, pero sí para quitárselos de encima.
En el PSOE ya sólo queda un militante en Viveiro, Lugo, que no haya lamentado los peores resultados de la historia socialista y haya dado su opinión sobre qué hacer con la investidura de Rajoy. El silencio de Pedro Sánchez resulta lo más inteligente que han hecho los socialistas desde el 26J. A este paso su hipotética abstención serviría más para resolver otro problema interno que para investir a Rajoy. A muchos se les notan demasiado las ganas que tienen de que haya un Gobierno para empezar a matarse entre ellos y darse un buen baño de sangre.
Como era de esperar en el PP todo es paz y armonía. Hasta produce cierta ternura ver como Esperanza Aguirre anda de pedigüeña por los medios proclamándose alcaldesa de Madrid con los resultados de Rajoy. En Podemos están muy ocupados dando salida a los muebles y modelos del famoso catálogo de Ikea mientras Pablo Iglesias descubre que en la nueva política los liderazgos se intentan enterrar tan rápido como en la vieja. A ver si empieza la montaña en el Tour y empezamos a tener algo de emoción.

domingo, 7 de febrero de 2016

- RAJOY SE HA CAGADO Y APESTA.

El viacrucis de Rajoy.

En el PP reconocen que la reunión con Pedro Sánchez va a ser "un mal trago", el primero de muchos en estos días en los que su papel quedará relegado a un segundo plano. Los populares saben que viene por delante un periodo muy complicado. Rajoy hará actos de partido para explicar su posición, tener algo de visibilidad y amortiguar el malestar en sus filas.

El presidente en funciones, Mariano Rajoy.
El presidente en funciones, Mariano Rajoy. / SERGIO PEREZ (REUTERS)
Un mes o el tiempo que le lleven a Pedro Sánchez las negociaciones. Eso puede durar el viacrucis de Mariano Rajoy, cruzando los dedos para que en el desenlace no vaya más allá. En el Partido Popular saben que viene por delante una etapa muy difícil. "Será una agonía", reconocen muchos cargos conservadores. La mayoría teme, sobre todo, la reunión con el líder socialista. "El presidente en funciones tendrá que tragarse su orgullo, al ser recibido por la persona a la que el rey encargó formar Gobierno. Y, encima, acudirá para que Sánchez le diga que no quiere saber nada de él. Va a ser un mal trago", señala un diputado.
En las filas populares también temen la sesión de investidura, aunque no salga adelante el pacto del líder del PSOE. Ya sólo la escena se les hace cuesta arriba. Ver cómo Sánchez toma la palabra y desempeña el papel que le habría correspondido hacer a su jefe. Para los suyos este es otro momento muy incómodo. Además, él tendrá que intervenir porque si no le acusarían de "ocultarse". "Todo un papelón", reconocen en Génova.
Pero habrá más casos en los que los dirigentes del PP sufran. Por ejemplo, cuando Rajoy acuda al próximo Consejo Europeo de Bruselas, los días 18 y 19 de febrero. Entonces todos le preguntarán si se ha despejado ya el panorama político y él ni siquiera podrá asegurar si volverá en el futuro. Además, con motivo de esta cita ya se han empezado a detectar algunos problemas que, en este impasse, se pueden repetir. Antes de ir a Bruselas, el PP se va a ver obligado a consensuar una posición común con el resto de partidos. Y el jueves, Sánchez exigió a Rajoy que acordara con él cualquier respuesta a los independentistas de Cataluña. "¡Sólo nos falta tener que rendirle pleitesía al señor! ¡No tenemos por qué consultar, ni pedirle permiso!”, comentan bastante molestos los dirigentes populares.
En la dirección nacional del PP reconocen que es un periodo muy complicado para ellos. Cuando el viernes 22 de enero Rajoy declinó la oferta del monarca, en su partido fueron muchos los que no lo comprendieron. Pero en Génova aseguran que sus cargos aceptaron las explicaciones que se dieron. "No se podía dejar humillar por todos los grupos parlamentarios. Además habrían utilizado la corrupción contra él y le habrían machacado", cuenta un miembro del Comité de Dirección. "Habría sido como una moción de censura", añade un dirigente territorial.
Se sopesó mucho qué hacer. Rajoy no quería someterse a esa prueba y la comparecencia de Podemos, pidiendo sillones en el Gobierno, fue la excusa perfecta. En la balanza se impuso la retirada, -con el consiguiente cuestionamiento interno-, o quedarse "inhabilitado" de por vida. En la Moncloa, la decisión fue clara.
Pero hubo una segunda ronda y la imagen se repitió. Y esta vez, tal y como reconocen fuentes de la cúpula, la situación fue más dura porque tras comparecer un Rajoy abatido, salió un Sánchez triunfal. Algo que cuesta digerir en el PP. Donde cundió la sensación de que automáticamente pasaban a la oposición. Aunque sus colaboradores insisten en que eso no ocurrirá porque sólo se afrontó "un mal día" para que, a cambio, vengan otros mejores. Saben que la jugada de su líder es muy arriesgada pero confían en que, al final, saldrá bien y todo el mundo alabe su gestión. Pero, mientras tanto, debe afrontar esta travesía y con el partido de los nervios.
Por eso, Rajoy asistirá a varios actos del PP, como en campaña. Primero, para no quedar eclipsado. Y, segundo, para calmar las aguas internas.Además, hará mucho trabajo de campo a nivel local. En el Comité de Dirección creen que lo mejor es llegar al sustrato del partido para que cale bien el mensaje. No quieren que sus cargos y militantes estén agobiados y deprimidos pensando en cómo se va a resolver todo esto. Así que lo mejor es que su dios baje a tierra y se lo explique, pendientes de ver si el PP, al final, resucita.

martes, 22 de diciembre de 2015

- EL SUEÑO DE MARIANO RAJOY.

El sueño de Mariano.

Rajoy soñaba y miraba “los mercados” y decía “o yo o el desastre”.
Terminadas las elecciones, Rajoy encendió un puro, se puso los resúmenes de la jornada de Liga y entró en un 'relaxing cup by Mariano'. Y así es como Rajoy se durmió y tuvo un sueño. Como Luther King, pero de Pontevedra. Y Mariano soñó que volvía a gobernar, que los españoles le habían votado hasta la victoria. Y más allá. Millones de votos. Que le habían votado hasta con un escaño para el diputado comisionista Gómez De la Serna. Que los patriotas habían comprendido que era “absolutamente normal”. Y hasta le habían votado con un asiento de congresista para Cospedal. Diferido simulado, pero en sueños que se hacen realidad.
Rugía el graderío en el sueño de Rajoy, mientras se oía por la megafonía: doble cambio, entran Cospe y De la Serna y salen Madina y Rodríguez el general. Y el público encantado. Bramaban los ultras, los fondos y hasta muchos espectadores que no se pueden sentar. Soñaba Mariano mientras se recontaban los votos y revoloteaban Rato, Bárcenas, Granados… en forma de angelitos con su trompetilla, entre gaviotas que cantaban pío, pío, que yo no he sido. Y por aquí un recorte a la dependencia, y por allá otro a las becas, y otro a la sanidad… Venga, más votos. Y Mariano seguía soñando. “Presidente, presidente”, clamaba el pueblo. Y él daba saltos de alegría en el balcón de Génova. Y salió Albert Rivera a decir que había que dejarle gobernar y había socialistas que armaban la de Caín y se desollaban vivos y decían “dejadle, dejadle que gobierne. Por España, por sentido de la responsabilidad…”. Y los de Podemos discutían si el resultado era bueno o malo, si pactaban con el PSOE o si tenían que haber ido con Izquierda Unida… Mientras, Rajoy soñaba y miraba “los mercados” y decía “o yo o el desastre”.
Los de Podemos discutían si el resultado era bueno o malo, si pactaban con el PSOE o si tenían que haber ido con Izquierda Unida…
En la siesta marianista, aparecía Bertín Osborne en el plasma, interrumpiendo los resúmenes de la Liga y diciendo eso de “las coordenadas de la nación las dicta Mariano Rajoy y lo hace con convicción, entrega y tesón. De su padre heredó el valor del esfuerzo y el sentido de la justicia…”. Pero justo cuando Bertín decía justicia, a Rajoy le vino en sueños Rato con los demás entrando en la cárcel. Y él ante el juez… Y en esto, vete tú a saber por qué, se interrumpió la programación y apareció en la tele Arias Navarro, como si fuera el NO-DO: “Españoles, el bipartidismo… ha muerto”. Y Aznar fruncía el ceño (sexto aviso). Y a Rajoy le entró un acaloro. No está claro si en el sueño volvía a haber elecciones o pedían la cabeza de Mariano, para que gobernara el PP. Pero aquello ya era una pesadilla para Rajoy. Hasta reformaban la ley electoral para que un escaño costara los mismos votos y hasta podían votar los españoles que habían tenido que irse a trabajar al extranjero. Menudo sudor frío le estaba entrando a Mariano.
Por eso, abrió un ojo, parpadeó y hasta recordó cuando le decía a Sánchez “tiene usted un problema en la vista que le impide ver la realidad”. Pero Mariano bebió un trago de agua (un vaso siempre será un vaso), volvió a cerrar los ojos y empezó a quedarse otra vez dormido, contando bertines como ovejitas que decían: “Rajoy, caballero de sonrisa amplia y mirada clara…”. Mariano pensó que no tenía por qué despertarse todavía, cuando hay tantos españoles que siguen dormidos en este santo país.

martes, 8 de diciembre de 2015

- ¿DÓNDE ESTÁ RAJOY QUE NO SE LE VIO?

Doñana no está lo bastante lejos para esconderse.

Ojalá los votantes destierren a un lugar más lejano que Doñana ese desprecio antidemocrático del candidato que por “problemas de agenda” se queda viendo la tele y no debate.
Ahora se entiende mejor por qué el Partido Popular no quería más debates: para no quedar en evidencia. La vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría estuvo mal. No acertó ni en el tono ni en los argumentos. Repitió mil veces un dato falso –no, Mariano Rajoy no ha creado empleo– y recitó temarios y argumentarios como si de nuevo se presentase a unas oposiciones. Ni siquiera le funcionó el lacrimógeno discurso sobre la violencia de género ( que los recortes de su propio Gobierno contradicen).
Santamaría no supo explicar por qué Mariano Rajoy no estaba allí –"el PP es un equipo"... y el día que hay partido el capitán se queda en el sofá viendo la tele–, ni tampoco qué clase de lucha contra la corrupción puede encabezar el presidente que le deseó “fuerza” a Bárcenas, o que negó los sobresueldos del PP desde una televisión de plasma pagada con dinero negro. La vicepresidenta pensaba que aún estaba en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, donde ella decide quién pregunta y si alguna cuestión inoportuna pasa el filtro ya se ocupa ella de responder otra cosa. Se nota su falta de experiencia en algo tan básico en política como debatir delante de una cámara de televisión; algo tan básico en democracia como confrontar ideas y argumentar frente a otros sin el apoyo de un rodillo parlamentario.
Soraya perdió el debate pero eso no significa que el PP lo haya perdido. Para Mariano Rajoy es un absoluto éxito que su desprecio por los mínimos democráticos le vaya a salir tan barato, y que el paso por una campaña electoral convocada en la víspera de Navidad para que hablemos de Bertín Osborne se salde con un debate y medio –y ninguno con todas las fuerzas políticas, incluida UPyD e Izquierda Unida–. Visto el resultado de anoche, es obvio que el PP acertó en su análisis: menos Rajoy es más PP. Y cuanto menos se le vea a su candidato hablando de política, mejor aún.
Santamaría perdió el debate que si alguien ganó fue Pablo Iglesias. El candidato de Podemos fue de largo el que mejor empleó  su minuto final –y era arriesgado su discurso, podía haber parecido otra niña de Rajoy– y también le fue bien en los minutos anteriores. Se notan las horas de vuelo ante la cámara, que incluso le permitieron sortear meteduras de pata sonadas, como una cita inventada de Churchill o esa consultora imaginaria –House Water Watch Cooper– donde se supone que trabaja Jordi Sevilla. Iglesias se esforzó mucho más contra Rivera y Sánchez que contra la vicepresidenta porque con ellos tiene frontera: con el PSOE, por el votante de centro izquierda; con Ciudadanos, por el votante de ruptura con el bipartidismo.
Pedro Sánchez no tuvo su mejor noche. Tampoco la peor de todas. El candidato del PSOE aguantó sin grandes errores –y algunos aciertos en el cuerpo a cuerpo contra Rivera–, pero a su partido no le sirve con eso para dar la vuelta a una campaña que arrancó con un CIS complemente desmoralizador para los socialistas, y con otro montón de encuestas que le sitúan incluso por detrás de Ciudadanos. Es cierto, con una distancia tan corta en la intención directa de voto y esa amplísima bolsa de indecisos, cualquier cosa puede pasar el 20 de diciembre. Pero los mecanismos con los que el PSOE polarizaba el voto en la campaña ya no son tan eficaces.
En cuanto a Albert Rivera, ni en el debate de anoche en Atresmedia ni en el de hace una semana en El País logró ese golpe demoledor que el candidato de Ciudadanos necesita para ejercer de nuevo Adolfo Suárez. Rivera no defraudó a los suyos, pero dudo que ampliase mucho más su propio espacio. Curiosamente, en su valoración del debate tanto PSOE como PP como Podemos coinciden en algo: en que Rivera es el que peor lo hizo. Tal vez tenga que ver con que la posición de Ciudadanos le convierte en el único partido que puede ganar (o perder) votos de las otras tres formaciones.
Tanto para Rivera como para Iglesias la noche del debate ha sido clave por el simple hecho de celebrarse con ese formato a cuatro. Ha sido la puesta de largo de los partidos emergentes en una campaña donde, por primera vez, el voto será táctico pero dudo que vaya a haber voto útil: donde movilizarán más las filias que las fobias. El resultado parece impredecible porque el sistema electoral será aún más injusto de lo acostumbrado. El efecto mariposa del reparto por provincias será más acusado: muy poquitos votos en determinadas circunscripciones pueden provocar una tormenta en el reparto del Parlamento.
Lo que es seguro es que el próximo Congreso desterrará a un lugar más lejano que el palacete de Doñana la política de la mayoría absolutista que ahora padecemos, ese desprecio antidemocrático que hoy protagoniza un candidato que por “problemas de agenda” se queda viendo la tele el día del principal debate de campaña. Que no se nos olvide. Que no se repita nunca. Que no vuelva a salir gratis.

jueves, 3 de diciembre de 2015

- LOS AMIGOS DE RAJOY.

Los amigos para eso están.

Ya que no fue al debate, Rajoy tuvo su "minuto de oro" en el futbolín de Bertín Osborne. Y ganó la partida.
Todos tenemos un Bertín en nuestra vida: ese amigo fiel que te acoge cuando tienes mal de amores, y te abraza, te deja su sofá, aguanta tus ganas de hablar, te ríe las gracias y se deja ganar al futbolín. Todo para que te sientas mejor. El que no lo tenga, que se busque uno, porque cuando te llegue la bajona necesitarás ese ratito de cariño.
Mariano estaba pasando una mala racha con España, no sabía si cualquier día le iba a poner las maletas en la puerta, y allá se fue a casa de Bertín. “Venga, tranquilo, que estas cosas siempre se acaban arreglando. Siéntate y habla, no te lo guardes que es peor”. Y Mariano habló, vaya si habló. Hora y media sin parar, que en esos momentos jodidos se te suelta la lengua y lo cuentas todo: los buenos y malos recuerdos, los amigos que no has vuelto a ver, la vida que tenías antes de conocerla, los días felices y las broncas, los muchos viajes que has hecho con ella… Cuando Rajoy enumeró los pueblos de Sevilla que había visitado (y eran todos los de la provincia), temimos que siguiera por Jaén y Córdoba, pero ahí quedó.
El buen amigo es el que te aguanta la hora y media sin bostezar, y encima pone cara de interés y hace gestos de asombro ante las naderías que le cuentas: “¿Hay AVE a León? ¿Pero qué me estás contando, presi?” Hasta te celebra las marianadas como si fueran aforismos de metafísica. Y de esas sanchopanzadas tan propias de Rajoy hubo para colección: “Por fortuna la gente piensa de manera diferente; si pensáramos todos igual sería lo malo”. “Si te pones a una cosa, te pones; y si no, no te pongas”. “Los políticos son como serán en todas las profesiones, hay gente magnífica y gente no tan magnífica”. “Aquí la clave es ponerle buena voluntad, cada uno hace lo que puede, no nos vamos a volver locos” (referida a los intentos del anfitrión por encender la cocina).
Como tu Bertín aguanta lo que le eches, tú sigues rajando, y le hablas de tu España, de cómo la sigues queriendo (“un país de primera división”), y de lo mucho que has hecho por ella (el Ave, la recuperación), de las ganas de seguir juntos para siempre (Cataluña y la unidad nacional).
Con la flojera te acuerdas de tu pobre madre, de cuando eras un crío (“yo tenía 22 años y votaba a Alianza Popular”), y te lías a enseñar fotos, con tanto entusiasmo que hasta se te olvida difuminar el rostro de tus hijos para la tele. Al menos las fotos antiguas sirvieron para desmentir esa leyenda urbana de que Rajoy nunca ha sido joven.
El amigo pañuelo te pone música blandita, te sirve un vino y te habla de ella, porque en estos casos es imprescindible que sea amigo de los dos, de ti y de ella. Bertín lo es, vaya si lo es: amigo de Rajoy, y de España. De España entera. No hubo un solo nombre en la conversación del que no se confesara íntimo: Paco Vázquez, Esperanza Aguirre, Felipe González, la alcaldesa de Sanxenxo y, por vía televisiva, amigo de todos los españoles que cada miércoles entran en su casa.
Es importante que sea buen amigo de los dos para que, después de que le hayas llorado lo tuyo, hable con ella y le cuente todo lo que la quieres y lo mucho que vales. “Venga, España, joder, no puedes dejar a un tío como Mariano”. Gracias a Bertín, ayer España descubrió al hombre fieramente humano que llevaba décadas sepultado bajo el burócrata: un Mariano tierno, encantadoramente simplón (en su relato del encuentro con Obama en un gimnasio solo le faltó pedirle un autógrafo). Un Mariano familiar, emotivo y, con un par de albariños, hasta divertido. Como el lunes no fue al debate, su “minuto de oro” lo tuvo ayer en el futbolín, donde hay que reconocer que estuvo increíblemente suelto y gracioso. Los estrategas del PP decían que había que poner piel, y ayer hubo piel como para un almacén de bolsos.
Del sofá pasáis a la cocina, donde el amigo peluche te alimenta y te cuida: “no te vayas a manchar”, “dame eso, que te vas a cortar”, como temiendo que estés más desesperado de lo que pensaba, cuchillo en mano. Pero ya te sientes mejor, así que brindáis “por el futuro de España”, confiado en que te va a dar otra oportunidad, o al menos tranquilo porque sabes que, si el 20D te tienes que ir de casa, siempre podrás dormir en el sofá de Bertín.

miércoles, 12 de agosto de 2015

- CARTA A RAJOY.

Carta de un particular a Mariano Rajoy.


No se me habría pasado por la cabeza escribir una carta al presidente del Gobierno, y menos en mitad de las vacaciones de verano, si no fuera porque llega un momento en que uno cree percibir que la ofensa es personalizada. Uno lee lo que lee, escucha lo que escucha, y se pregunta si la ola de calor está haciendo estragos aún mayores de los imaginables. ¿Es posible que desde el poder político se considere que la idiocia es generalizada y que los ciudadanos formamos un magma incapaz de responder al insulto permanente? Así será, porque si no cuesta mucho creer que la estrategia decidida en vísperas de unas elecciones generales sea tan rematadamente simple: o me votan a mí, que soy el lince que ha conseguido salvar a este país de la ruina total, o votan el caos, representado por cualquiera que no sea el PP. Lo demás no importa.

A estas alturas del verano, ya lo de menos es que todo el mundo olvide que los datos macroeconómicos positivos sean consecuencia del cambio de políticas del Banco Central Europeo (BCE) o de la reducción de los precios del petróleo, y tengan poco que ver con la rendición total del Gobierno español a la salvaje devaluación salarial decretada por instancias internacionales. Lo trascendente, lo indignante en este negro agosto, es que usted decida alegremente seguir considerando a los ciudadanos como menores de edad y al régimen democrático como una especie de cortijo andaluz (o de pazo gallego) sometido al capricho del señorito. ¿Volvemos a la España de Machado o de Pardo Bazán? ¿Acaso nunca la superamos?

No le escribo como periodista, sino como simple particular afectado por su actitud y algunas de sus ofensivas declaraciones.

MINISTROS E IMPUTADOS
Hemos sabido que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha recibido en su despacho del ministerio a Rodrigo Rato, imputado por graves delitos de corrupción. Después de admitir la existencia de la reunión, el ministerio ha comunicado oficialmente que se trataba de una cita de “carácter exclusivamente personal y completamente al margen de la situación procesal” del expresidente de Caja Madrid y de Bankia.

El señor Rato ha tenido a bien aclarar al periódico El País que en esa reunión se habló “de todo” lo que le “está pasando”. Y por muy presunto delincuente que sea Rato, cabe dar credibilidad a sus palabras, puesto que no viene a cuento pensar que en sus circunstancias pida cita con un ministro para comentar la próxima temporada de la Liga de fútbol o las beatificaciones previstas por el Vaticano. En todo caso, si se trata de “asuntos personales”, Fernández Díaz debería dar cita en su casa, en un bar o en un confesonario, pero siempre en horas libres no pagadas por los contribuyentes.

Usted, que es (incluso en vacaciones) presidente del Gobierno, se ha negado a opinar sobre dicha reunión, pero anuncia que será el ministro Fernández Díaz quien dé las explicaciones pertinentes en sede parlamentaria, aunque ya avanza que “no va a haber nada de particular”. Vamos, que considera absolutamente normal que un ministro y un imputado por corrupción de su mismo partido con procesos judiciales pendientes se reúnan en el ministerio y en horario de trabajo.

Se le olvida que usted mismo exigió (y consiguió) en 2009 la cabeza del entonces ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, por haber coincidido en una cacería en Jaén con el juez Baltasar Garzón. Y ni se molestó en preguntar si habían hablado o no de algún caso judicial políticamente espinoso. Ni llegamos a saber siquiera si se habían encontrado a solas en algún momento. Tiene usted la ventaja de que los principales dirigentes de la oposición también están de vacaciones y no han considerado oportuno interrumpirlas para solemnizar la petición de dimisión de Fernández Díaz o para (por ejemplo) comprometerse a no firmar acuerdo alguno con el PP mientras no se asuman las responsabilidades políticas oportunas.

Señor presidente del Gobierno: es evidente que a usted le importa un bledo el respeto a la dignidad democrática. Su ministro de Economía, Luis de Guindos, atendió gustoso las peticiones de Francisco Granados, encarcelado por su papel principal en la trama Púnica, y usted ni se ha molestado en comentar tamaño disparate (justificado nada menos que por su ministro de Justicia, Rafael Catalá). Simplemente pasa del asunto y hasta se irrita si le pregunta algún periodista. Su exministro de Educación, José Ignacio Wert, le obligó a hacer una crisis de gobierno que no quería y al mismo tiempo le pidió ser nombrado para un cargo público en París con el fin de estar cerca de su pareja en la sede de la OCDE. Ha esperado al verano, pero ha cumplido usted semejante petición en un ejercicio de nepotismo más propio del conde de Romanones que de un líder democrático del siglo XXI.

Para rematar el acaloramiento político del verano, hemos sabido (gracias a la investigación documentada de nuestro compañero Tono Calleja) que su íntima adversaria Esperanza Aguirre mintió descaradamente al afirmar que el ‘conseguidor’ de la trama Púnica jamás había trabajado para el PP de Madrid, que ella preside. Tampoco le parece a usted relevante la información, o quizás sólo prefiere que Aguirre se vaya cociendo en su propia olla.

EL OTOÑO Y "EL MARTILLEO"
Usted y los miembros de su gobierno parecen empeñados en que se trata de asuntos "entre particulares". El caso es que un ciudadano particular sólo puede llegar a la conclusión de que no quiere usted entender nada de lo que viene pasando. Parece que solamente le preocupa el “martilleo de algunas televisiones”sobre la corrupción, en lugar de avergonzarse y tomar medidas cuando sus propios ministros compadrean con los presuntos corruptos. ¿Sería usted tan amable de aclarar si Guindos o Fernández Díaz le consultaron acerca de sus gestiones con Granados o con Rato? ¿No tiene absolutamente nada que apuntar acerca de las mentiras de Esperanza Aguirre sobre laPúnica? ¿Ignora acaso que en nuestros países vecinos los ministros dimiten por haber engañado en dos párrafos de una tesis doctoral en la universidad?
Como particular uno puede sospechar que los SMS de ánimoque usted envió a Luis Bárcenas le tienen tan atado que le impiden abrir la boca sobre las relaciones de Aguirre con Granados, y que ya da lo mismo la magnitud de los dislates que en su entorno se produzcan: sólo cabe la huida hacia delante. Y si es capaz de reaccionar así respecto a Guindos, Fernández Díaz o Aguirre, mejor no imaginar el otoño que nos espera. Circula la especie de que su única obsesión es debilitar al máximo ese “martilleo” de algunos medios de comunicación. Habrá que comprobar hasta qué punto llega el asedio al ejercicio democrático.
Se le olvida, eso sí, que vivimos una realidad distinta a la que usted cuenta. Le han dicho sus asesores que tiene que hablar más con la prensa. Lo cual no quiere decir que no importe el contenido de lo que diga. Hay medios independientes, y crece el número de ciudadanos que no se conforma con ver los telediarios o con hojear las cabeceras tradicionales o con leer los comunicados oficiales.
Descanse lo que pueda. Pero cuando salga y hable, procure no ofender, si es posible.

Con respeto,
                            Un particular.

sábado, 13 de junio de 2015

- RAJOY SE PREPARA UNA SORPRESA.

Rajoy se prepara una sorpresa.
Uno no recuerda precedentes que superen la inconsistencia que caracteriza el mandato del actual presidente del Gobierno. Es verdad que, desde que pisó la Moncloa, siempre ha actuado a la defensiva y a rebufo de los acontecimientos o de las indicaciones que le hacían desde Berlín, Bruselas o Francfort, siempre bajo sesudas y tranquilizadoras justificaciones:“tenemos que hacer lo que hay que hacer”, “no hay otra” o “pudo ser mucho peor”.
Pero nada comparable a la ausencia de iniciativa o, mejor dicho, la evidente falta de criterio que viene demostrando como estratega político tras el desastre electoral del PP en los comicios del pasado 24 de mayo y el pluripartidismo que dibujan los resultados. Repasemos sus propios anuncios:
1.- “No haré cambios, ni en el PP ni en el Gobierno”, proclamó Rajoy el 25 de mayo tras analizar los resultados con la plana mayor del partido.
2.- “Iré tomando, poco a poco, las decisiones más convenientes para que el PP llegue a las generales en la mejor forma posible”, anunció apenas dos días más tarde, después de que varios barones territoriales se rebelaran anunciando sus respectivas retiradas y apelando a la necesidad de autocrítica y de asumir responsabilidades por el desastre electoral. 
3.- “Tenemos cosas que cambiar y lo haremos”, dijo el presidente el día 30 de mayo ante el empresariado catalán reunido en Sitges en las Jornadas del Círculo de Economía, donde añadió, eso sí, que los cambios no afectarán a la política económica. 
4.- “Los cambios, sean en el partido o en el Gobierno, se anuncian una vez que se han producido, como es perfectamente entendible”, ha comentado Rajoy cada vez que se le ha interrogado por la crisis de gobierno en las últimas dos semanas.
5.- “Los cambios se conocerán antes de que acabe este mes [junio]”, concretó el presidente el miércoles desde Bruselas. 
y 6.- "Que no se genere tanta expectativa...", ha declarado Rajoy este mismo jueves. "No vamos a cambiar las políticas y a partir de ahí se pueden sacar algunas conclusiones. Yo desde luego las expectativas no las he generado", ha añadido, no sabemos si para tranquilizar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a Cospedal, a los "mercados", a los ciudadanos o a nadie en particular. 
Un giro de 360 grados.
Como todo el mundo sabe, las crisis de gobierno son oportunidades que los líderes políticos intentan manejar con la mayor habilidad para sorprender al personal y reconvertir un problema en un tanto a favor. La mejor crisis de gobierno es la inesperada, o al menos la que contradice todas las quinielas que analistas y todólogos rellenan durante días o semanas. Suelen venir aliñadas de topicazos como “el presidente es el único que sabe…”, “sólo él tiene en la cabeza lo que va a hacer"... y por ahí hasta el clímax de la adulación: "es un artista en el manejo de los tiempos…”. (Lo dicen a menudo colaboradores y ministros desesperados con su jefe). Caben pocas dudas acerca de lo que habría dicho el PP si Zapatero hubiera tenido la ocurrencia de andar anunciando durante varias semanas cambios en el Ejecutivo. ¡Qué frivolidad! ¡El Gobierno paralizado! ¡La 'Marca España' por los suelos!  
En nuestra (más que joven) cuarentona democracia se recuerdan ya casos de tipos nombrados ministros de una cosa que terminaron en otra cartera en el último minuto sólo para que Felipe González pudiera presumir de su pericia como estratega. O la demostración de esa mezquina audacia tan propia de José María Aznar, cuando en 1999 dejó creer a todo el mundo que Elena Pisonero sería ministra, y ella estuvo toda una tarde recibiendo ramos de flores de felicitación de amigos y familiares, para quedarse luego compuesta y sin cartera.
Rajoy ha hecho tal despliegue de contradicciones y ha dado tan pocos pasos por iniciativa propia, tanto en el partido como en el Gobierno, que tiene atrofiada la capacidad de sorprender. Ya hemos escrito alguna vez sobre el perfil ecuestre de Rajoycomo político. En cualquier momento de las próximas horas o días, "antes de que junio acabe", anunciará unos cambios en el Gobierno y en el partido sobre los que él mismo rebaja las expectativas. (Tampoco había tantas). 
Es evidente que Rajoy no se cree la necesidad de los cambios que él mismo va a realizar. Dijo que no hacían ninguna falta, pasó a asumir que tenía un problema "de comunicación”, dejó luego filtrar que los cambios no serían meramente "cosméticos” y finalmente ha echado un jarro de agua fría a las expectativas creadas, en una especie de giro de 360 grados para volver al punto de partida. 
Puede que Rajoy termine dándose una sorpresa a sí mismo. Incluso un autosusto. Es un territorio sin explorar en el arte de las crisis de gobierno.
Jesús Maraña.