Feijóo en futuro imperfecto.
David Torres. Escritor.
Feijóo
ya se ve presidente, ya se huele presidente, ya está mirando catálogos de
cortinas y colchones para cuando entre a vivir en la Moncloa. Pero tampoco
quiere hacerse muchas ilusiones ni pregonarlo en voz alta, que la última vez
que pudo ser presidente, las cosas se le torcieron. Más que nada porque no
quiso, no le dio la gana. Conviene no entusiasmarme por anticipado, no vender
la piel del oso antes de cazarlo, menos aun antes de cargar la escopeta. Hace
justamente cuatro años, en noviembre de 2022, Feijóo aseguraba en una sesión de
control del Senado que a Sánchez sólo le quedaban unos meses al frente del
gobierno y le espetó a la cara que “la próxima vez que nos veamos en el
Congreso será en mi investidura”. Los cálculos no le salieron bien del todo y
al final se vieron unas cuantas veces más, sesenta y pico aproximadamente. Por
aquel entonces hasta llevaba gafas.
He leído unas declaraciones de Feijóo hechas
aquel noviembre de cuatro años atrás y eran prácticamente idénticas a las de la
semana pasada, salvo las gafas. “El verdadero problema es que, para estar unos
meses más en la Moncloa, está arrastrando a toda la nación” decía. “No hay
institución, organismo, o política de Estado que no se hayan impregnado de un
barniz de indignidad. Y están generando un clima irrespirable en España”. Era
una invectiva típica de Feijóo, tan típica que se la aprendió de memoria y la
pronunció varias veces más a lo largo de esta legislatura sin cambiar
prácticamente una coma. José Mari era más seco, más escueto (“Váyase, señor
González”), pero Feijóo es más de circunloquios, aunque los dos se han tirado
años y años esperando tocar pelo. Vete a saber si a finales de noviembre
tampoco le dan los números o no le da la gana otra vez y le toca seguir
esperando. A estas alturas del clima irrespirable no se sabe cómo no utiliza
una máscara antigás el pobre hombre.
Sea por prudencia, por superstición o por si
acaso, Feijóo no quiere tirar las campanas al vuelo, una expresión bastante
inexacta porque las campanas, igual que las campañas, siempre deben estar bien
sujetas: a una cuerda, al Ibex, a la gran patronal, a la iglesia, a la banca.
Hay un montón de empresarios, de jueces, de Indas, de Marhuendas, de Ikeres
Jiménez y de Anas Rosas Quintanas sujetando la cuerda de Feijóo, volteando a
Feijóo con alegría y decisión para que el 29 de noviembre pegue la campanada.
El problema es que Feijóo no está convencido del todo, no termina de creérselo
y no deja de boicotearse a sí mismo y de cometer lapsus freudianos. Después de
sus líos con directivos de Correos, sus confusiones entre democracia y
burocracia y sus tickets de pizza para okupas, ahora dice que hay que llevarse
bien con Marruecos. Vaya usted a saber cómo sienta entre sus huestes esta
expresión de buena voluntad vecinal, cuando hace menos de un mes acusaba a
Marruecos de estar chantajeando a Sánchez y a Sánchez de estar a las órdenes de
Marruecos. Pero vamos a llevarnos bien a partir de ahora, que yo soy un tipo
serio. Y respéteme la frontera, haga el favor.
Aunque todavía falta casi un mes y unas
elecciones generales, Feijóo también se ha puesto en plan presidencial con los
sindicatos y les ha pedido que por favor desconvoquen la huelga general del
próximo 11 de noviembre. También son ganas de provocar que vaya a convocarse la
primera huelga general en 14 años justo dos semanas antes de unos comicios que
se le presentan a huevo. No tenían otro día, ya es mala suerte, coño. Feijóo se
ha tomado la huelga como algo personal, oportunista y obsoleto, cuando la crisis
de la vivienda viene de mucho antes de la acampada en Sol y hasta los
revoltosos de la acampada en Sol han liado los bártulos. Se conoce que buena
parte de los asesores de Feijóo temen quedarse sin trabajo y no paran de
buscarle charcos donde pueda meter la pata a fondo y así seguir opositando a
presidente. Mientras tanto, Inda le aconseja que se calle lo máximo posible,
que haga la campaña a lo Marcel Marceau, la cara pintada de blanco y haciendo
gestos de mimo.
Publicado en el
periódico Público el día 03/11/2026


