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domingo, 25 de septiembre de 2011

- PROGRAMA EDUCATIVO DEL PP.

Rendir la escuela pública.

SANTOS JULIÀ 25/09/2011

Dan la impresión de no saber de qué están hablando, pero lo saben demasiado bien. La presidenta y la consejera de Educación de la Comunidad de Madrid han logrado exasperar con sus desplantes y ademanes autoritarios a padres, profesores y alumnos de los centros públicos. Despido en masa de profesores mal llamados interinos (en realidad, ejército industrial de reserva que llevan años presentándose y aprobando oposiciones sin obtener la plaza que desempeñan), aumento de horas lectivas, amenaza de supresión de tramos de enseñanza gratuita: parte del programa oculto del PP sobre la enseñanza pública sacado a la luz por estas intemperantes líderes madrileñas.

Por supuesto, saben de sobra qué es un interino y cuántas son las horas de jornada laboral; como saben también de qué va todo esto: infligir un daño irreparable a la escuela pública. La niña de sus ojos es, y siempre ha sido, la privada, que venía experimentando desde hace medio siglo un claro retroceso que ellas se han empleado en detener y revertir. El número total de centros públicos dedicados a enseñanzas de régimen general no universitarias (infantil, primaria, ESO, Bachillerato, FP) ascendía en Madrid a 1.235 en 1999, mientras los privados eran 809. Diez años después, en 2009, el número total de centros privados, que han experimentado una fortísima expansión en el nivel de enseñanza infantil, es 1.611, mientras los públicos se quedan en 1.573.

Esta inversión de la relación entre escuela pública y centros privados prueba bien la "gran sensibilidad hacia los problemas que afectan al sector de la enseñanza privada" mostrada por Esperanza Aguirre. Nada de extraño que la Asociación de Centros Autónomos de Enseñanza Privada haya expresado con esas palabras su agradecimiento por la desgravación fiscal de gastos de enseñanza, con un máximo que ha subido este año de crisis de 500 a 900 euros, y que devuelve a los contribuyentes más de 60 millones de euros, suficientes para mantener en sus puestos a todos los interinos.

Y prueba, sobre todo, el éxito del proyecto educativo de su consejera de Educación cuando lamentaba en Italia, ante una asamblea de Comunión y Liberación, la "intromisión excesiva del Estado en la educación", y celebraba que "en esta fase de expansión de centros concertados, muchos de los proyectos nuevos estén en manos de religiosos laicos". Podía alardear la consejera, paladín de la escuela católica financiada por el Estado, que Madrid se encontraba a la cabeza de todas las regiones en el aumento de centros privados: 33% de concertados, de los que 2/3 corresponden a la escuela católica. A la gran sensibilidad de Aguirre y al proyecto educativo de Lucía Figar se debe que los alumnos madrileños de primaria y secundaria se dividan hoy por mitad entre centros públicos y privados cuando la media de España es de 69/31, la misma de Madrid hace una década.

Recuerdo bien los malos tiempos pasados, cuando cursé el bachillerato en el único instituto masculino entonces abierto en Sevilla, el San Isidoro. La casi totalidad del territorio de enseñanza secundaria estaba ocupado por una legión de órdenes y congregaciones religiosas: jesuitas, maristas, salesianos, escolapios, capuchinos, hermanos de las escuelas cristianas... Un siglo de abandono de la escuela a manos de la Iglesia, que, con el breve paréntesis de la República, solo comenzó a corregirse cuando los planes de desarrollo exigieron la elevación del nivel de escolarización. Luego, con el acuerdo de financiación de centros concertados, se estabilizó la relación entre pública y privada en una ratio aproximada de 70/30, en la espera de que aumentando la cantidad y elevando la calidad de la primera y financiando la segunda se alcanzarían porcentajes próximos a la media de la Unión Europea: 90% de escuela pública en primaria, alrededor de 86% en los dos niveles de secundaria.

Pero años de gobierno del PP han logrado que la escuela pública retroceda en Madrid hasta límites impensables hace 10 ó 15 años. Hoy resultaría imposible volver a un mapa escolar como el de Sevilla en 1950: las órdenes y congregaciones religiosas andan de capa caída. Pero Aguirre y Figar no desesperan: con el despido de miles de interinos y el bloqueo de concursos a plazas de enseñanza pública, dan un gran salto hacia la meta final: superar el listón del 70% para centros privados dejando que los públicos se hundan hasta la cota del 30%. Rendir la escuela pública a la invasión de Comunión y Liberación, kikos y demás "religiosos laicos", y no cuestiones pedagógicas: eso es lo que está hoy en juego en la Comunidad de Madrid.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

- PROFESORES, HORARIOS E INFAMIAS.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publica cada año los resultados de un informe comparativo sobre educación con datos de 40 países. Los resultados del último estudio, correspondiente a 2009, indican que los profesores españoles de Primaria dedican cada año 101 horas más que la media de la OCDE a dar clases a sus alumnos, y los de Bachillerato, 37 horas más. No es sospechosa esta organización internacional de seguir consignas de “PSOE, IU, los sindicalistas, ‘los de la ceja’ o los indignados”, quienes se dedican según Esperanza Aguirre y su partido a propagar la “falsedad” de que incrementar el número de horas lectivas equivale a un recorte en el profesorado y a un deterioro de la educación pública. Puesto que la realidad demuestra el carácter infame de la acusación de vagancia lanzada contra los profesores, es muy probable que ahora se les pretenda tachar de privilegiados. La OCDE sostiene que aquí la enseñanza pública está mejor pagada que en otros países y que tiene salarios más dignos que otras profesiones con un nivel de formación similar. Podría deducirse que son otros trabajadores los mal pagados, pero no: encaja mucho mejor en el discurso único exigir en todo el sector público trabajar más y ganar menos. España invierte en educación pública un 4,6% del PIB frente al 5,4% que dedican como media los miembros de la UE. En lugar de acortar esa diferencia, hay quien pretende ampliarla.

Asimismo el “SINVERGÜENZA” vocero del PP, el que tiene más mala leche que una perra parida, el ………. ( y todo lo que queramos decirle) de Pons dice que en Andalucía "hay profesores que están dando 21 horas de clase y hay colegios que abren sin pupitres y ahí no hay protestas", como si él y sus secuaces que le secundan hubiesen visitados muchos colegios andaluces. Tal vez les duela que Andalucía, a pesar de sus problemas económicos, que los tiene, sea de las pocas, por no decir la única que no ha recortado las dineros destinados a educación sino que los ha aumentado con la incorporación de más docentes a sus aulas, como es el caso de Bonares con la creación de una cuarta unidad de Infantil de 3 años. La que no espera por aquí si es que el PP gana las elecciones y parece que así será. Arenas va a dejar en nada los recortes de la Cospedal, Feijoo, Aguirre, Monago, etc.

sábado, 10 de septiembre de 2011

- LA EDUCACIÓN Y LA DERECHA ESPAÑOLA.

El Tea party en la escuela.

Hace algunos años estaba de moda en el PP una leve contestación por la izquierda a las políticas de su partido. Algunas diputadas del PP se abstuvieron en la votación del matrimonio homosexual, el recurso contra la ley de aborto o la investigación con células madre. Estos pequeños gestos eran consentidos por la dirección del PP porque con ellos hacían un guiño al electorado de centro-izquierda.

Ahora -ya nos advirtió Hegel que los tiempos no siempre van hacia delante- lo que está de moda en las filas populares es ser recalcitrantemente de derechas. Ahora las señales no se hacen con el ojo izquierdo sino con el derecho, y más que un guiño es un tic continuado, un aviso a navegantes, una aguja de marear que señala nuevos continentes.

Aunque últimamente María Dolores de Cospedal está planteando una seria alternativa castiza y reaccionaria -reconozcamos que su imagen dolorosa con rigurosa mantilla fue realmente insuperable-, la viva representación del Tea party español es Esperanza Aguirre porque personifica una derecha que se ha librado de complejos de inferioridad y de tacto en los conflictos sociales. Ella ha tomado partido, sin contemplaciones, por los poderosos, por la enseñanza privada, por los sindicatos corporativos, por la exclusión social y el sálvese quien pueda. Construye su discurso sobre las piedras de los prejuicios, de los lugares comunes con el que los más acomodados justifican su estatus. Es una señora bien que comenta sin pelos en la lengua lo mal que está el servicio, lo desagradecidos que son los inferiores, lo inútiles que son los trabajadores y lo bien que se viviría con una mayor segregación social: los listos con los listos y los torpes con los torpes.

Esperanza no da puntada sin hilo, no habla gratis. Es la dirigente popular que hace realmente ideología con las palabras y con los hechos. Como los guionistas de los reality shows, hace aparecer en escena los conflictos, sugiere soluciones efectistas y alimenta las ideologías más reaccionarias respecto a los temas más delicados. Por eso, no se equivocó al sugerir que los profesores de la enseñanza pública son unos vagos que apenas trabajan y gozan de un sueldo fijo. No. Simplemente ha completado su trilogía educativa que comenzó con el titulo "autoridad en las aulas", continuó con "bachillerato para los más listos" y se cierra con este "desprestigia, que algo queda". Para ella los problemas de la enseñanza se derivan, precisamente, de la base fundacional del sistema educativo: la igualdad de oportunidades. Su ideal educativo es el de los años cincuenta, en los que solo una pequeña élite social, más unos cuantos esforzados estudiantes que surgían desde abajo, tenían acceso a la educación superior. Para el resto, sería suficiente con una escolarización masificada que enseñara el abc necesario para ocupar los puestos más bajos del mercado laboral.

Se esfuerzan, ingenuamente, los profesores en señalar que la educación no es un gasto, sino una inversión; que España figura todavía en el furgón de cola de gasto educativo de la Unión Europea; que la cualificación educativa determina el futuro laboral y la productividad de nuestro país. Ella ya lo sabe. También resulta inútil el esfuerzo por explicar el trabajo que los profesores realizan, la difícil tarea que prestan a la sociedad, la tensión de su dedicación y el escaso reconocimiento que reciben. Nada de eso importa a quien no ama la educación ni comparte la pasión por mejorar desde abajo la sociedad.

Antes, Esperanza andaba como un verso suelto pero ahora no camina sola sino acompañada por el afán retroinnovador de las comunidades del Partido Popular que se han aprestado a recortar el gasto educativo sin conmiseración. De todos los debates posibles, el que nos caracteriza más claramente, el que desvela nuestra forma de entender la vida, nuestra relación con los demás, es el debate educativo. Ahí nos jugamos el ser o no ser de nuestro modelo social y el Tea party lo sabe perfectamente.

CONCHA CABALLERO 10/09/2011 . El País

domingo, 4 de septiembre de 2011

- LA EDUCACIÓN DEL PP.

Sembrar hoy para recoger mañana.

Es lo que ha dicho Rajoy de los ajustes de Cospedal, y puede aplicar a cualquiera de las mermas practicadas por “sus” comunidades y lo que habrá de venir en una España azul sin fisuras cuando el PP acumule prácticamente todo el poder: ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno nacional y UE (que también lo tiene).

Sobre un terreno abonado por siglos de caspa sedimentada –de la mejor calidad en su género- se siembra lo que se espera recoger: una excelente cosecha de burrez española.

Hay dos métodos esenciales para conseguirla. Las medidas de Esperanza Aguirre van por ese camino. Pero el abono fundamental para que la siembra fructifique es la manipulación. Lanzar la idea de que los profesores solo trabajan 18 horas a la semana es como afirmar que los futbolistas sobre “trabajan” hora y media, o los periodistas de los telediarios una. Lo peor es que la fruta esperada germina en parte de la sociedad. Porque se une a la otra variable: la falta de un espíritu crítico y propio que se deriva de la inteligencia cultivada en la educación.

“Hace menos de un año, la Comunidad de Madrid aumentó las deducciones fiscales para los colegios de pago. Hasta entonces, estas ayudas sólo iban a familias pobres que matriculasen a sus hijos en centros privados (si es que tal especie existe). Pero Aguirre modificó la ley para beneficiar a las familias con rentas más altas y ahora, por ejemplo, un matrimonio con dos niños que declare ganar menos de 120.000 euros al año se puede desgravar hasta 1.800 euros por el colegio privado. En total, este regalito cuesta 90 millones de euros anuales: diez millones más de lo que Aguirre dice que ahorrará con los despidos en la escuela pública”.

La misma estrategia de Cospedal en su Castilla-La Mancha, la alumna aventajada que felicita el jefe. Ha inventado la cuadratura del círculo: drásticos recortes en educación también (es básico) y en Sanidad… “sin reducir servicios sociales” y ¿sin destruir los miles de empleo que va a suprimir? Cómo será de aplicada la alumna que lo ha llamado “Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos”. Ahí queda eso.

Ya recogemos en España los frutos de siembras ancestrales. Por los poderes políticos y también por los mediáticos. No es admisible en este último punto que se permita decir a Aguirre lo de los privilegiados profesores que solo trabajan 18 horas y se quejan porque van a hacerlo 20. Máxime con esa apasionada afición por la presunta objetividad del “éste dice, el otro dice”.

España es un país en el que el discurso de estas señoras del PP que parecen ingerir cada mañana una dosis combinada de testosterona y Chanel nº 5, entra como la seda.

Se recoge lo sembrado, y con esa mala hierba que se aparta de la uniformidad, y piensa, y protesta, se utiliza el arma infalible: la fuerza. Más policías y menos profesores, dice Esperanza Aguirre. Como Cameron en Gran Bretaña.

Hay algo asombroso por encima de todas las cosas: que el discurso tan pueril, las estrategias tan evidentes, se asuman sin cuestionarlas. Realmente, se está recogiendo lo que se sembró. Y vienen días de florecientes cosechas de imbecilidad. O resignación, que también. Menos mal que existe el 15M.