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viernes, 29 de abril de 2011

- DENUNCIA DEL CONCORDATO CON LA SANTA SEDE.

Todos conocemos la fuerza que tiene la Iglesia Católica en España y lo difícil que es luchar para desproveerla de sus privilegios, por el temor a perder los millones de votos católicos. Ello, por el contrario, genera un importante rechazo de quienes desean que dichos privilegios cesen.

Una gran parte de españoles no estima correcto que la Iglesia no se financie por sí sola y reciba subvenciones del Estado por valor de más de 6.000 millones de euros anuales. (Tanto como la congelación de pensiones y rebajas a funcionarios juntas). Estima que la Iglesia multiplicaría al infinito la consideración ciudadana si se sostuviera únicamente con las aportaciones de sus fieles, sin el ardid de la cruz señalada en las declaraciones de la Renta, con cantidades dejadas de ser ingresadas por el erario.

A buena parte de españoles tampoco les parece bien que los profesores de Religión de los centros públicos o concertados los elegidos y despedidos por la Iglesia a su arbitrio, pero los salarios e indemnizaciones por despidos improcedentes los pague el Estado.

Piensan, asimismo, que la enseñanza de la religión es agobiante, coartando la libertad de padres y alumnos que no desean tal enseñanza, y que la enseñanza de la religión debe salir de la escuela y ofrecerse en catequesis y centros eclesiales. Y, desde luego, otras confesiones religiosas igualmente admitidas reciban un trato residual o inexistente.

Millones de españoles no perciben una separación real entre Iglesia y Estado, pese a ser España un estado aconfesional, según recoge la Constitución española.

Perciben que nada de eso ocurre en Europa con ninguna confesión en países de larga historia de relaciones con las iglesias.

No entienden por qué en todo acto oficial, inauguraciones, hospitales, conmemoraciones, momentos castrenses y demás pompas está presente siempre u cura, capellán, obispo o cardenal.

No entiende el rígido calendario oficial y nacional de festividades religiosas que se traslucen en jornadas no laborables.

No comprende los negocios realizados a cuenta de las visitas del Papa, generosamente financiadas por demasía de las subvenciones habituales y anuales.

No entiende la permisividad de la Iglesia en bodas religiosas de la Casa Real con divorciadas y no lo permite con los demás españoles.

No entienden por qué, en el fondo y como desahogo, les obligan a ser anticlericales, cuando no tienen ansia de ello, y que solo la codicia y la imposición de su ley y cánones provoca la Iglesia. No entiende por qué la Iglesia trata de imponer las creencias religiosas.

¿No sería conveniente, pues, que España solicitara la denuncia del Concordato de 1953 y Acuerdos subsiguientes, firmados el 20 de agosto de 1976, anteriores a la Constitución?

Arturo González. Público.es

sábado, 3 de julio de 2010

- DE LAICOS NADA.

La aconfesionalidad del Estado es imposible mientras subsista el Concordato.
La Iglesia católica mantiene todos sus privilegios en los planes del Gobierno.

Lo viejo no acaba de morir, lo nuevo no acaba de nacer. Este es el estado de ánimo de los movimientos laicistas ante la anunciada reforma de la legislación sobre libertad religiosa, cuyo contenido adelantó EL PAÍS el domingo día 13. El Gobierno ha presentado los cambios de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 como un desarrollo de la "laicidad del Estado". Entre otras medidas, prohibirá la presencia de símbolos religiosos -como el crucifijo cristiano- en edificios públicos y buscará una fórmula para que los llamados funerales de Estado sean civiles, sin ceremonias religiosas. También se propone extender a otras religiones de "notorio arraigo" privilegios que disfruta la mayoritaria confesión católica, a la que el Estado financia con unos 6.000 millones de euros anuales

Los prelados ven un ataque en la ley que prepara el Ejecutivo.

El Estado financia con unos 6.000 millones a la Iglesia romana.

Perdida la batalla de la teocracia, los obispos apelan a la razón histórica.

La Iglesia lleva 30 años incumpliendo el compromiso de autofinanciarse.

De esta cifra, 3.000 millones se destinan, según cifras oficiales, a sostener los colegios religiosos concertados, pero también se paga con dinero público el sueldo de obispos y sacerdotes; a los profesores de catolicismo en la escuela pública (unos 15.000); el salario de más de un millar de capellanes castrenses, hospitalarios y carcelarios, e incluso gran parte de la restauración o sostenimiento del ingente patrimonio histórico artístico de esa religión, la segunda propietaria inmobiliaria después del Estado.

"Es iluso creer que se avanza hacia la laicidad mientras persistan los privilegios de la Iglesia católica, acordados en Roma en la Navidad de 1979 por el ministro de Asuntos Exteriores español y el secretario de Estado de la Santa Sede". "La tentación de extender los privilegios del catolicismo a otras religiones agravaría la confesionalidad encubierta del Estado". "España es ahora un Estado aconfesional con querida. Mañana podemos ser un Estado aconfesional con cuatro o cinco mantenidas más, es decir, habremos retrocedido en laicidad y neutralidad religiosa". Con esta contundencia se expresan los eclesiasticistas partidarios del laicismo y gran parte de los líderes de las religiones llamadas minoritarias, con tres o más millones de fieles.

Lo mismo opinan católicos de base que no viven "la laicidad como una amenaza contra la Iglesia, sino como una oportunidad positiva". El Foro de Curas de Madrid incluso vislumbra en la laicidad el sueño de que su Iglesia acepte "mirar la modernidad sin ingenuidad o frivolidad pero con esperanza, descubriendo que la laicidad puede ser evangélica y teológicamente positiva".

Enfrente, la jerarquía del catolicismo alza la voz con severidad contra las intenciones del Ejecutivo socialista. Los obispos consideran el laicismo un ataque a su Iglesia e, incluso, "un retroceso de la civilización y una aberración del ser humano", y ven en las intenciones de los socialistas irreligiosidad, ateísmo o anticlericalismo. Aún confían en que el presidente Rodríguez Zapatero desista de la reforma anunciada tras entrevistarse en Roma con Benedicto XVI hace dos semanas.

Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología en la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, concluye que el Gobierno se ha quedado "sin política propia" en cuestiones de laicidad. "La agenda se la marca otro Estado, el de la Ciudad de Vaticano, cuyas orientaciones sigue discipularmente". Como ejemplo, señala el retraso en la presentación de la nueva ley hasta después de la visita de Benedicto XVI a España, el próximo noviembre, para no tener problemas".

JUAN G. BEDOYA 03/07/2010 (Extracto del reportaje publicado en El País)

Con lo que le da cada año y con lo que no le cobra tendría para reducir el déficit en un tanto por ciento muy elevado sin tener que tocar tanto a los bolsillos de los contribuyentes, pero este gobierno “socialista y de izquierda” (para mí ni socialista y menos de izquierda) tiene más miedo que once viejas a enfrentarse y ponerse en su sitio ante la jerarquía de la iglesia católica.

Hay países donde las Iglesias se autofinancian -Reino Unido y Eslovenia- o donde se prohíbe la financiación de las confesiones, como Irlanda (si bien la Iglesia católica recibe allí ayudas en el sistema educativo) pero nosotros, los españoles, somos más papistas que el Papa y nos apoyamos en un Concordato, que en opinión de muchos juristas es ilegal y anticonstitucional, (ver artículo de Dionisio Llamazares http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Laicidad/imposible/elpepusoc/20100703elpepisoc_2/Tes ) y que nos hace recordar tiempos pasados donde el dictador iba bajo palio arropado por toda la “caterva” de gerifaltes católicos, que tenía acojonado y amedrantado al pueblo llano bajo el castigo de dar con sus huesos en la cárcel.

Ya es hora de decir basta y de una vez por todas se apruebe una ley de libertad religiosa donde se defina la laicidad y aconfesionalidad del estado y donde las religiones se muevan en la esfera de lo privado de las personas y no en la pública, es decir, cada uno en su casa; pero me temo que eso no lo veré, por ahora o mucho tiene que cambiar las cosas.

sábado, 9 de mayo de 2009

- CONCORDATO.

Un juez cuestiona la legalidad del Concordato ante el TC.

El auto sostiene que el Estado no puede delegar la educación en la Iglesia.

Los Acuerdos Iglesia-Estado firmados en 1979 podrían ser formalmente inválidos, tanto por cuestiones relativas a su falta de compatibilidad con algunos derechos constitucionales como por meras cuestiones de forma. Así lo considera el titular del Juzgado de lo Social número 34 de Madrid, Antonio Seoane, quien ha elevado por este motivo una cuestión de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional.

El juez entiende que buena parte del Concordato, en especial en lo referente a la clase de Religión y el desarrollo de los derechos de los docentes de esta materia, no se adecúa a las normas de la Carta Magna.

En una providencia a la que ha tenido acceso Público, y sobre la cual todavía no se ha pronunciado el Alto Tribunal, el magistrado falla a favor de la petición de unos profesores de Religión que estimaban vulnerados sus derechos laborales al no ser equiparados al resto de docentes del claustro en lo referente al cobro de trienios y el reconocimiento de su antigüedad.

Sin desarrollo válido.

Pese a que la sentencia no entra a valorar el momento en que se aprobaron dichas normas (el Concordato fue negociado a la par que la Constitución, aunque se firmó el 3 de enero de 1979), sí entra de lleno en la interpretación de su validez jurídica. Para el magistrado, "el desarrollo de los derechos contenidos en el artículo 27 (de la Constitución, referidos al derecho a una enseñanza en valores), carece de desarrollo válido" en lo tocante a la confesión católica.

Así, según el juez Seoane, no es de recibo que, como se señala en los Acuerdos Iglesia-Estado, la asignatura de Religión Católica deba impartirse "en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales". El juez también critica el hecho de que "la enseñanza religiosa sea impartida por las personas que, para cada curso escolar, son designadas por la autoridad académica entre aquellas que el Ordinario diocesano propone".

Tampoco estarían bien diseñados los puntos del acuerdo Iglesia-Estado que establecen que "a la jerarquía eclesiástica corresponde señalar los contenidos de la enseñanza y formación religiosa católica, así como proponer los libros de texto y material didáctico relativos a dicha enseñanza y formación".

El juez tampoco está de acuerdo con el punto 4 del Concordato, que consagra que la situación económica de los docentes de Religión será pactada entre la Administración y la Conferencia Episcopal. Este apartado ha permitido que a lo largo de estos 30 años los profesores que imparten esta asignatura carezcan de seguridad laboral, pudiendo ser "despedidos" (formalmente, "no renovados") por el Obispo sin aportar razón alguna.

Escuela pública.

Queda demostrado, según la sentencia, que mientras no se desarrollen de forma válida los principios constitucionales en la asignatura de Religión, "todo el sistema que se está aplicando es radicalmente nulo, incluida la presencia en la escuela pública de los profesores de Religión". De este modo, las clases de dicha asignatura en la escuela pública podrían no ser legítimas.

Para el responsable del auto, la cesión que el Concordato hace a la iglesia católica para que sea ella la que señale los contenidos de la enseñanza de una materia en condiciones equiparables al resto "son auténticas cesiones de competencia en materia reservada por la Constitución a los poderes públicos".

El problema principal, en opinión del magistrado, es "el incumplimiento de un requisito de validez", puesto que el artículo 93 de la Constitución exige "que los Tratados Internacionales se autoricen por Ley Orgánica", lo que "palmariamente se infringió respecto de los Acuerdos de 3 de Enero de 1979". Por todo ello, el magistrado dispone plantear una cuestión de inconstitucionalidad.

miércoles, 4 de febrero de 2009

- GOBIERNO-VATICANO.



El Gobierno garantiza al Vaticano que no tocará los acuerdos con la Santa Sede.

El 'número dos' del Papa, Tarcisio Bertone, visita España.- La oposición critica al PSOE por frenar iniciativas laicistas.

ELPAÍS.com / EFE - Madrid - 04/02/2009

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha defendido hoy ante el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, la reforma de la ley del aborto en la que trabaja el Parlamento y la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Estas dos polémicas cuestiones para la Iglesia Católica han centrado parte de la reunión de más de una hora que De la Vega ha mantenido en el Palacio de la Moncloa con Bertone, en encuentro que fuentes de la Vicepresidencia han calificado de "muy cordial" y han enmarcado en el clima de "respeto, cooperación y autonomía" que rige las relaciones bilaterales.

Según han informado estas fuentes, De la Vega también ha explicado al número dos del Vaticano la modificación de la Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno para "adaptarla a la diversidad de la sociedad española" y le ha garantizado que "en ningún momento se van a tocar los acuerdos con la Santa Sede". Bertone, que se encuentra en Madrid en visita privada, mantiene hoy una apretada agenda de reuniones, que ha comenzado con el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para continuar después con la vicepresdenta, el Rey y el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero.

En medio de los esfuerzos mostrados por el Ejecutivo para acercar posturas con la Iglesia, los grupos de la oposición han criticado al PSOE por detener en el Congreso algunas iniciativas laicistas, informan Fernando Garea y Luis R. Aizpeolea. Dos de las proposiciones de ley rechazadas ayer por los socialistas en la Comisión de Justicia buscaban facilitar la apostasía, otra pedía revisar los acuerdos con el Vaticano y una más crear una subcomisión para estudiar la muerte digna y la eutanasia

Ante las cámaras de televisión que han podido grabar hoy el inicio de su encuentro con De la Vega, el secretario de Estado del Vaticano ha elogiado la elegancia y el colorido del traje de la vicepresidenta, a la que ya conocía de un anterior encuentro en Roma en 2007.

Cuando acabo de leer esta noticia he cogido un "cabreo" de espanto ya que un gobierno que se dice de izquierda diga y haga semejante cosa cuando lo que debe hacer es trabajar para separar definitivamente Estado - Iglesia haciendo de España un estado laico y aconfesional y tratando a todas las confesiones por igual, como cualquier asociación de las muchas miles que existen en España. Pero el gobierno dice y repite que no tocará el Concordato, según el cual la iglesia católica es la mayor beneficiaria de las ayudas estatales, pagándoles verdaderas millonadas de euros para que ellos difundan su doctrina, ya que otra cosa sería que el dinero se destinase a ayudar a los más necesitados, pero no sino que lo dedican, en su mayor parte, en pagar a los curas (los maestros de religión los paga el estado) mientras ellos invierten en bolsa parte del dinero que recoge.

El gobierno del Psoe debería, de una vez por todas, denunciar el Concordato y que todas las religiones se adaptasen a la nueva Ley de Libertad Religiosa donde todas fueran iguales ante la ley. De esta forma veríamos como la iglesia católica española no camparía tan a sus anchas ni invertiría tanto dinero en bolsa.


lunes, 5 de enero de 2009

- VATICANO.

De Españoles para Vaticano

05 Ene 2009
06:40

De: Españoles

Para: Vaticano

Asunto: Vaya usted con Dios

Ustedes, por sorpresa, han dejado sin efecto el tratado de Letrán, según el cual el Vaticano aplicaba en su territorio el ordenamiento jurídico italiano. Dicen que las leyes italianas contrastan con los “principios irrenunciables” de la Iglesia católica. ¿Sabe una cosa? A nosotros, aquí en España, también nos pasa lo mismo: la Iglesia católica contrasta con los principios irrenunciables de la democracia española y con nuestro ordenamiento jurídico. Así que, por lo tanto, hemos decidido dejar sin efecto el Concordato firmado con ustedes. Abur y que les vaya bien.