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miércoles, 7 de abril de 2010

- PRIVILEGIOS CATÓLICOS.

Privilegios católicos.

EUGENIO S. PALOMARES 07/04/2010. El País.

El pasado 30 de marzo, Miércoles Santo, quedó suspendido el acto de concesión de indulto a un preso granadino. La hermandad de la Soledad de San Jerónimo de Granada no pudo proceder a la liberación del preso elegido y al que el Gobierno, accediendo a la petición de esta hermandad, había concedido el indulto el pasado 19 de marzo. El preso, que estaba condenado a tres años de prisión por un delito contra la salud pública, no estaba de penitencia; estaba delinquiendo -presuntamente-, fue detenido y un juez ordenó su prisión preventiva. No ha sido posible su libertad. Este privilegio -que algunas hermandades católicas puedan decidir la libertad de algunos presos- es uno más de los muchos que disfruta la Iglesia católica en España. El hermano mayor de esta hermandad afirma que el año que viene seguirá conmutando penas.

Cuando observo que la Iglesia católica, a través de algunos de sus pastores, como Martínez Camino o Rouco Valera, extiende hasta el infinito que los gobiernos socialistas le acosa y persigue por su fe, tengo que admitir que es uno más de los misterios que hay que aceptar por razones de fe, y no de los hechos que la sociedad en general percibe. Más aún, en tiempos de Cuaresma y de Semana Santa. Y es así porque no hay ninguna otra religión ni ningún otro colectivo en España que pueda tomar las calles de las ciudades y pueblos durante 10 días y el resto de la ciudad se tenga que acomodar a la forma de desarrollar e imponer a los demás ciudadanos desfiles y costumbres. Hasta el calendario laboral se adapta al eclesiástico. Es verdad que la exhibición de pasos, santos, ermitas y otras calendas -cuyo nombre tomo en homenaje al sacerdote que identifica en sus discursos las críticas que un sector hace contra la pederastia de algunos sacerdotes con el nazismo- enriquecen a hoteles, restaurantes, bares y todo un rosario de lugares se llenan hasta la bandera. Pero junto con estos beneficios, que hacen que los inconvenientes personales pasen a un segundo plano en beneficio de la comunidad, el fondo es que la Iglesia católica en España, por mucho discurso que hagan en contra del color de algunos gobiernos, sigue gozando de unos privilegios que en cualquier otro país no serían aceptables. Más aún cuando sólo un 14% de los ciudadanos españoles se confiesan católicos practicantes.

Y entre estos privilegios se lleva la palma el que algunas cofradías en España tengan el poder de conseguir que los gobiernos concedan indultos a las personas que ellas decidan. Los indultos responden a causas que no son, precisamente, a mayor gloria de las hermandades. La desproporción de las penas impuestas y la reinserción social constituyen su base y su finalidad. No el capricho de las cofradías de hacer el bien sin mirar a quién. Si no miras a quién se le concede pasa lo que pasa: que siguen delinquiendo -presuntamente-. Además, si quieren de verdad hacer el bien, ahí están Haití -exige algo más que una colecta del Domingo de Ramos en el Vaticano-, Chile y numerosos barrios marginales de Andalucía.

Es normal, pues, que con tanto privilegio el Observatorio de la Laicidad critique estos aspectos de la Semana Santa y solicite información al Ministerio de Justicia. No es para menos. Sin duda rompen la neutralidad del Estado en materia religiosa. Un disparate y un despropósito. Más despropósito aún si el acto de puesta en libertad del preso va acompañado de actos litúrgicos en los que participa el indultado.

Me recuerda esta forma de indultar una anécdota que me contó el dueño de una finca hace años. En algún pueblo de Córdoba, durante la Guerra Civil, el titular de la propiedad sólo daba trabajo a aquellos jornaleros que de rodillas rezaban antes de trabajar. Todos terminaron por aprender hasta la salve en latín. Tal vez haya que volver a recordar que el hambre y la libertad no deben servir para hacer confesión de fe ni para extenderla con los medios del Estado. Algunas hermandades deberían saberlo y el Gobierno practicar la neutralidad religiosa que declara la Constitución.

viernes, 25 de septiembre de 2009

- HACED LO QUE YO DIGO, PERO NO LO QUE HAGO.

El título del artículo hace mención a la actitud de la iglesia católica ante cualquier tema del que quiera opinar o decir cosas. Se quejan de que los políticos y la sociedad en general se metan u opinen sobre los temas las religiosos, y más en concreto, sobre la gran metedura de pata del Papa en el tema de los condones, el sida y África y sin embargo ellos, los curas, siempre se están metiendo con el gobierno socialista y todo lo que hacen, que para ellos, está mal.

A continuación transcribo parte del artículo9 publicado por Enric Sopena en el Plural.

Los monseñores, los condones y la abstención del PSOE.

La Conferencia Episcopal Española ha cuestionado –a través de una nota de prensa- el derecho del Congreso de los Diputados a debatir en torno a los criterios del Papa Benedicto XVI. El Sumo Pontífice de la religión católica dijo -hace algunos meses- que el uso de condones en África no es eficaz para combatir el sida, escudándose en esta artera ocurrencia para seguir defendiendo lo indefendible. Lo manifestado públicamente por Joseph Ratzinger levantó una oleada de protestas. Si se hubiera hecho entonces una encuesta al respecto en la “católica España” -así llamada tradicionalmente por el Vaticano desde tiempo inmemorial-, el resultado habría sido demoledor para el jefe de ese peculiar Estado, el único teocrático [o sea, no democrático] que todavía hay en Europa.

Los obispos y cardenales españoles exigen “que las instituciones del Estado se abstengan de intervenir en el libre desarrollo de las instituciones religiosas (...), mientras no esté probado que atenten contra el orden público” Sostienen también que “tratar de interferir por medio de reprobaciones políticas parlamentarias en la guía moral que el Papa ejerce en la Iglesia mediante su Magisterio ordinario, contradice seriamente el principio de no intervención y lesiona el derecho de libertad religiosa”.
Cada dos por tres
Es decir, que todos estos monseñores que, cada dos por tres, irrumpen en el escenario político y organizan una a modo de algarada dialéctica o callejera -pacífica por supuesto-, criticando cuanto no les agrada [y no les agrada apenas nada] de la legislación y actuaciones del Gobierno socialista que preside José Luis Rodríguez Zapatero sí pueden, sin problema alguno, dar ellos lecciones a los diputados acerca de lo que deben o no calibrar, discutir y votar.

La piedra y la mano.
¿Hasta cuándo los clérigos y sus superiores organizarán manifestaciones antigubernamentales –que se transforman a menudo en ataques personales contra Zapatero y sus millones de votantes- enfrentándose casi siempre a la voluntad mayoritaria, expresada en las urnas? ¿Con qué legitimidad democrática actúa la cúpula oficial de la Iglesia católica, cuyos rectores no son elegidos, sino nombrados a dedo? Dentro de poco desplegarán a sus masas, enlazadas con los populares -mientras Mariano Rajoy tira la piedra y esconde la mano- para llamar asesinos u otros vocablos similares a quienes, mujeres y hombres, están a favor de una más adecuada regulación del aborto.
Que no se quejen.
Pero que no se quejen del acoso eclesiástico ni el Gobierno ni el PSOE. En el Congreso se quedó prácticamente solo Joan Herrera, valeroso diputado de ICV, ante la posibilidad de reprender al Papa. Las derechas –la nacional o estatal y las autonómicas- votaron “no” a la propuesta de Herrera. Los diputados socialistas se abstuvieron. Su portavoz, Joan Calabuig, dio una de cal y otra de arena y acabó otorgando en parte la razón a la Conferencia Episcopal al afirmar que no era “función del Parlamento recriminar los discursos papales”.
“Justo y necesario”.
Subrayó que lo importante es “seguir desarrollando políticas activas contra el sida” -algo que, en efecto, procura con mayor o menor éxito hacer el Gobierno-, aunque hubiera debido agregar que una forma de activar la lucha contra el sida, que en África es una masacre, pasa también por plantarle cara al Papa cuando convenga. Y en esta ocasión era “justo y necesario” hacerlo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

- DE ESPALDAS AL PUEBLO.

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De espaldas al pueblo quiere seguir la iglesia católica, ¡cómo si alguna vez hubiese estado de cara al pueblo o con el pueblo!

En lugar de progresar y ponerse al día y al lado del pueblo quieren regresar al pasado y olvidarse del pueblo que la sustenta.

¡Que sigan así y cada vez tendrán menos adeptos!

viernes, 26 de junio de 2009

miércoles, 8 de abril de 2009

- DECLARACIÓN RENTA.

¡Qué razón lleva el Calvito con el contenido del cartel publicitario!

domingo, 5 de abril de 2009

viernes, 20 de marzo de 2009

- MÁS CAMPAÑAS DE PROTECCIÓN.




A Rouco Varela, a la Conferencia Episcopal y a la Iglesia Católica, en general, le está saliendo rana la campaña contra el aborto y además de los errores con el lince, está sirviendo de cachondeo para mucha gente.
Con el dinero gastado en publicidad podrían haber comprado millones de condones y haberlos mandado a África.

sábado, 31 de enero de 2009

- ¿CUÁL VA A SER LA PRÓXIMA?


¿Cuál será la próxima batallita de la derecha española más rancia y de la iglesia católica?
¿Estarán pensando en los espías y los curas pederastas?

domingo, 30 de noviembre de 2008

- JERARQUÍA ECLESIÁSTICA.

Estas parecen ser las preocupaciones que tiene la jerarquía eclesiástica católica española en lugar de preocuparse de repartir algo de lo mucho que tiene tiene invertido en bolsa entre los más necesitados.Ya hasta hacen anuncios en TV para recolectar más dinero para sus paupérrimas arcas que se encuentran muy vacías después de invertir en bolsa y perder muchos millones de euros.

25noviembre-08blog 30-noviembre-08blog 2008-11-25

viernes, 17 de octubre de 2008

- LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CIENCIA.

El Vaticano asegura que más casos como el de Javier "ponen en peligro a la humanidad".

A.G.. 17.10.2008

Javier Mariscal Puertas, primer bebé de España libre de una enfermedad hereditaria y compatible con su hermano, junto a su madre. (EFE).

  • El Papa Benedicto XVI condena avances científicos que permitan, por ejemplo, que nazcan niños modificados genéticamente.
  • Es reciente el caso de Javier, el primer niño libre de una enfermedad hereditaria que ha nacido en España para "salvar a su hermano".
  • "Este caso es un acto en sí egoísta", dice una experta en bioética.

El pasado martes Javier se hizo famoso en toda España. Le llaman el 'niño-medicamento'. Se trata del primer bebé en nuestro país que ha nacido libre de una enfermedad hereditaria para "poder salvar a su hermano Andrés, de 6 años, que sufre de beta-Talasemia major (una anemia congénita severa). Nació en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y desde entonces ha habido voces en contra y a favor de que puedan nacer niños modificados genéticamente.

La ciencia no está capacitada para establecer principios éticos.

El Vaticano ya ha lanzado una voz de alarma sobre el avance científico advirtiendo de que "los beneficios fáciles y la arrogancia de sustituir al Creador pueden poner en peligro a la humanidad". Son palabras del Papa Benedicto XVI, que en un discurso este jueves en Roma, señaló que la fe "no teme" al progreso de la ciencia y los desarrollos a los que conducen sus conquistas "cuando tiene como fin el hombre y su bienestar y el progreso de la humanidad" y precisó que "no es el árbol de la ciencia el que mata, sino la desobediencia".

El Pontífice añadió que la ciencia "no está capacitada" para establecer principios éticos. "Ella sólo puede aceptarlos en sí y reconocerlos como necesarios para erradicar sus eventuales patologías. La filosofía y la teología sirven en ese momento como ayuda indispensable para evitar que la ciencia proceda en solitario por un camino tortuoso, lleno de imprevistos y de riesgos", señaló Benedicto XVI.

"Un acto egoísta".
Mientras, el diario de la Santa Sede, el
Osservatore Romano, dedicó a este asunto un artículo en primera página para condenar la actuación médica realizada en Sevilla, "aunque muchos la consideren éticamente aceptable".

El término exacto para definir la selección que ha llevado al nacimiento de Javier es eugenesia.

"El término exacto para definir la selección que ha llevado al nacimiento de Javier es eugenesia", afirma la historiadora católica y experta en bioética Lucetta Scaraffia, sobre el término que define cualquier práctica científica usada para mejorar la vida humana y que derivaron en macabros experimentos en el nazismo.

Para Scaraffia, el caso de Javier es "un acto en sí egoísta y que además implica la exclusión de la vida de otros seres humanos", ya que, según opina, se descarta a otros embriones para elegir uno sano.

Este hecho no es un éxito o progreso científico.

Por su parte, la Secretaría General de la Conferencia Episcopal (CEE), denunció también este viernes la "práctica eugenésica" en el nacimiento de Javier. "El nacimiento de una persona humana ha venido acompañada de la destrucción de otras, sus propios hermanos, a los que se les ha privado del derecho fundamental a la vida", afirma.

Los obispos tampoco están de acuerdo en que este hecho sea un "éxito y un progreso científico", porque consideran que la técnica del diagnóstico preimplantacional reduce la dignidad de la persona a un mero valor de utilidad.

Esta noticia, leída por cualquier persona sensata, le resulta chocante por la posición de la iglesia católica que niega los avances de la ciencia para salvar vidas humanas a través de sus hermanos no portadores de enfermedad hereditaria.

Iglesia que niega el aborto en todos sus apartados y prefiere que nazcan niños con grandes anomalías, que niega los métodos anticonceptivos de todo tipo y prefiere que mueran muchas personas contagiadas por el Sida y otras enfermedades contagiosas. Esta iglesia retrógrada, anclada en el medioevo, echando de menos la Inquisición y las hogueras, llena de pederastas, a los que amparan y no denuncian. Esta iglesia que invierte en bolsa en compañías fabricantes del viagra y de anticonceptivos, que les reporta pingües beneficios.

En resumen la Iglesia Católica del siglo XXI.

sábado, 2 de agosto de 2008

- EL SENTIDO DE LAS RELIGIONES.

Este artículo, que transcribo literalmente a continuación, no es mío ni sé de quien es, sólo sé que lo copié el domingo 10 de diciembre de 2.006 de la prensa digital y que hoy, después de leerlo otra vez, me dispongo a darle publicidad por lo que de interesante tiene, bajo mi punto de vista, sobre la iglesia católica.


JESÚS JAMÁS INSTITUYÓ –NI QUISO HACERLO– NINGUNA NUEVA RELIGIÓN O IGLESIA, NI CRISTIANA NI, MENOS AÚN, CATÓLICA:

Según los Evangelios, Jesús solamente citó la palabra “iglesia” en dos ocasiones, y en ambas se refería a la comunidad de creyentes, jamás a una institución; el término semítico “ekklesía” designa la asamblea general del pueblo judío ante Dios, la “kahal Yahveh”.

Pero la Iglesia Católica sigue en su empeño de mantener la gran mentira de poner a Cristo como el creador de su institución y de preceptos que no son sino necesidades jurídicas y económicas de una determinada estructura social, conformada a base de decretos con el paso del los siglos (véanse los distintos Concilios).

Aunque parezca absurdo, Jesús no fue cristiano (y menos aún católico) y prueba de ello es que sólo se limitó a intentar agrupar al “pueblo de Israel” bajo un nuevo marco, y las pruebas de ello podemos encontrarla en los Evangelios. Según Mateo 10, 5-7 “A estos doce (los apóstoles) los envió Jesús, dándoles estas instrucciones: No vayáis a tierras de gentiles (no judíos), ni entréis en ciudad de samaritanos; id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id y predicar que el reino de los cielos está cerca” y Mateo 15, 24 “Pero él respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.

Jesús fue un judío, como sus discípulos, y ni tan siquiera pretendía fundar una secta judía más entre las muchas que ya había en su época. Todo su esfuerzo se encaminó en mejorar la práctica religiosa del judaísmo entre su pueblo (“No vayáis a pensar que vine a abolir la ley o los profetas; no vine a abolir, sino a dar cumplimiento. Porque os lo aseguro: antes pasarán el cielo y la tierra, que pase una sola jota o una tilde de la ley sin que todo se cumpla.”, Mateo 5, 17-18) y ante su convencimiento del inminente advenimiento del “reino de Dios” en la Tierra (“En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán de la muerte antes que vean el reino de Dios”, Lucas 9,27).

Esta creencia en la inminencia del Juicio Final y en el reemplazo del mundo por el “reino de Dios” era compartida por buena parte de los judíos de esa época, que mantuvieron la vista puesta en ese cercano momento durante gran parte del siglo I. A principios del siglo II, una epístola escrita por Pedro intenta frenar el desánimo de los cristianos, provocado por el incumplimiento de la promesa de Jesús de venir de inmediato al mundo para presidir el día del juicio final: “Ante todo, sabed que en los últimos días vendrán escarnecedores con sus burlas, que andarán según sus propios deseos y que dirán: <> (...) Una cosa no debe quedaros oculta, queridos hermanos: Que un día es ante el Señor como mil años y mil años como un día. No demora el Señor la promesa, como algunos piensan; sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos se conviertan” (II Pedro 3, 3-9). Con el descaro usual, la iglesia católica viene a decir que no es que Cristo se hubiese olvidado de cumplir su profecía sino que, debido a la diferente apreciación del tiempo que se da cuando uno está ante Dios o ante los hombres, había aplazado “sine die” el final para que pudiesen salvarse cuantos más mejor...

Siendo tan intensa la creencia en la inminencia del Juicio Final, resulta obvio que ni Jesús ni sus apóstoles quisieron fundar ninguna nueva religión o estructura organizativa del tipo de una Iglesia, sino que promovieron con todas sus fuerzas el agrupamiento del pueblo de Israel en torno a la “ekklesía”, eso es la asamblea general del pueblo judío ante Dios.

Por tanto el origen de la Iglesia hay que buscarlo en la evolución de un proceso histórico y no de una fundación institucional emanada de la voluntad de Jesús. Una Iglesia Católica que antepone la autoridad de su Tradición a la de las Sagradas Escrituras.