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sábado, 9 de marzo de 2013

- EL PSOE Y EL HONOR.

¿Pero qué honor puede tener un partido que pacta con un condenado por acoso sexual para obtener una alcaldía como la de Ponferrada? ¿Qué honor puede tener un partido que lleva ya años sin dar explicación suficiente de la malversación de cientos de millones y sin asumir responsabilidad alguna en los EREs andaluces? ¿Qué honor puede tener un partido que permite que un ex presidente autonómico, gran reserva del partido, compare a otro presidente autonómico con Hitler y no lo descalifica? ¿Qué honor puede tener un partido que no permite que las bases gallegas se expresen, qué honor puede tener un partido que se muestra incapaz de hacer acto de contrición y renovar sus estructuras, su programa y sus directivos, que solo aspiran, con ridículas disculpas, a permanecer en sus cargos, impidiendo que surjan o se consoliden nuevas gentes con nuevas ideas? ¿Qué honor puede tener un partido que nada en la ambigüedad y ya no se sabe a qué tipo de socialismo aspira? ¿Qué honor si no es capaz de impedir que los ciudadanos piensen que son lo mismo, la cara dulce, del partido en el Gobierno? ¿Qué honor es el de un partido que no defiende a muerte a los desahuciados y a los engañados preferentes, un partido más preocupado por la prima de riesgo y por pagar a los acreedores que por romper la baraja a favor de los débiles, un partido incapaz de explicar con contundencia por qué no hicieron cuando podían lo que ahora exigen y prometen? ¿Qué partido es que, al final, defiende a bancos y cajas, después de haberse llevado cantidades millonarias en sus consejos de administración y dietas de asistencia, pero que se niega a cambios transformadores en la Constitución, ya sea una ley electoral justa, posibilidades de referéndums catalanes, solicitud seria de cuentas a la Monarquía? ¿Qué honor es el de un partido tan insensible a los ciudadanos, tan ajeno a los movimientos sociales nacientes, tan negador de ni un indulto arbitrario más?

Un partido que va a rebufo en todo, incapaz de recuperar algo de crédito, de plantear un programa rupturista, serio y solvente, incapaz de ofrecer garantías para que los ciudadanos le crean, un partido a gusto en el sistema, ponedor de parches, un partido ya sin el soporte de la historia, sin capacidad de análisis, de intelectuales y artistas huidos, de falso laicismo por miedo a perder votos, partido en barrena, sin el paracaídas de la razón, de cándidas y equivocadas intenciones, un partido traidor de sus principios primigenios, incapaz de promover la unión de la izquierda de tan protagonista que se cree, un partido que ha anulado los sueños de millones de personas, sin brío, sin sangre, sin rosa de los vientos, ¿cómo puede ser honorable?

NOTA: El señor Rubalcaba ha ordenado, tal vez presionado por la actitud encomiable de su enemiga Carme Chacón, el cese al alcalde de Ponferrada que se apoyó para conseguirlo en un edil condenado por acoso sexual. ¿Le harán caso en Ponferrada, deberían hacérselo?

Extraído del Blog de ARTURO GONZÁLEZ, Puntadas sin hilo y publicado en Publico.es

viernes, 14 de diciembre de 2012

- LA CRISIS DEL PSOE.

LA CUEVITA DE LA IZQUIERDA.

Decididamente el PSOE no tiene arreglo. No saben cómo ahuyentar a posibles votantes. La vicesecretaria general, Elena Valenciano, dice que ‘hay que huir de la cuevita de la izquierda porque es atractiva para lamerse las heridas, pero aleja de las mayorías’. Esto significa una declaración oficiosa de que el PSOE abandona el intento de representar al socialismo democrático, renunciando a sus principios básicos mínimos para pasar a integrarse en un centrismo aséptico y complaciente. Descanse en paz, pues. La verdadera izquierda tiene el camino despejado.

No habla doña Elena de marcharse ella y todos los cargos directivos, con el Secretario General a la cabeza, y dar paso a nuevos aires. No, no; ellos son los elegidos por la Historia y el destino, aunque lleven al partido a la merma continua e irrecuperable. Como todos los políticos, alegan el tiempo para reestructurarse, no van a dejar al partido en la estacada traumática. No se pueden hacer las cosas precipitadamente. Coartada para al final ser ellos mismos los candidatos. ¿Pero no se dan cuenta del daño que están haciendo al partido y al país?

Queda la duda de si lo dicen y hacen para agarrarse al cargo o porque sinceramente se creen conductores de la salvación. No se paran a pensar qué razones hay para creerles de nuevo. Y ése es el problema. Hagan lo que hagan están condenados a que los ciudadanos no les crean, pues éstos ni siquiera dirán lo mismo que los descontentos de la derecha pura: les seguimos votando porque los otros son peores. No: los posibles votantes socialistas no les votarán, se abstendrán o votarán a otros partidos de más raigambre de izquierda. ¿Por qué voy a creer yo a Rubalcaba? Por un lado afirma que radicalizará sus postulados, y por otro que se debe huir de la cuevita porque en ella no está la posibilidad de ganar. Se trata de ganar a costa de lo que sea, incluso de la decencia. Pero nunca podrán quitarse de encima la losa, justa o injusta, de por qué harían ahora lo que no hicieron cuando podían. Por mucho sofisma que argumenten. La gente no quiere saber nada del pasado, ni en personas ni en decisiones. Desean borrar todo vestigio. Lo consideran traición.

La cuevita es la esperanza. Ni siquiera son capaces de pergeñar cinco líneas maestras de proyecto y promesas. Necesitan tiempo para meditarlas. Meditar lo elemental, lo que se sabe de carrerilla. Pues sepan que en la cuevita hay una luz espléndida y millones de personas están esperando que el mundo y la izquierda que dicen representar se renueven y adecenten. Sin revoluciones, sin rupturas de sistemas; solo con la pureza de intenciones. Lejos de las mayorías que pregona Valenciano, las mayorías de las connivencias, las renuncias, los lavados de cara y los más de lo mismo. Triste PSOE éste, que perpetúa y acompaña el tambaleante desguace de España. El PSOE se ha convertido en el eco filtrado del PP, en su espejo cóncavo, en la otra cara de la misma moneda, en su pareja de baile. Y encima detesta las cuevitas de la izquierda.

Doña Elena, tres preguntitas de prueba: 1. ¿Nacionalizarían ustedes los servicios básicos esenciales para que los ciudadanos puedan vivir aceptablemente? 2. ¿Establecerían una Ley Electoral sin trampas ni amaños? 3. ¿Denunciarían sin excusa alguna los Acuerdos con la Santa Sede? No se enfade, doña Elena, los lectores a lo mejor le hacen otras preguntitas.

Gota MORALIZANTE: El PP, con su director espiritual y de buenas costumbres Gallardón al mando, revisará la edad para trabajar, casarse y tener sexo. ¿Qué edad o edades determinarían ustedes?

Gota CORTANTE: Una empresa de Madrid comercializa réplicas de la guillotina como medida de protesta. Los artefactos se venden sin cuchilla. Como soy un pusilánime, pregunto: ¿Es correcta esta comercialización?

Arturo González en su Blog.: Puntadas sin hilo.

miércoles, 4 de abril de 2012

- LA IGLESIA Y EL PSOE.

Ignacio Escolar recoge en su blog una información que puede llevar al PSOE a la victoria en las siguientes elecciones: va presentar en el Parlamento una proposición no de ley para denunciar los Acuerdos de España con la Santa Sede.
Naturalmente no prosperará tal decisión al no tener mayoría suficiente, pero ello lleva implícito el compromiso político y moral de incorporarlo en su próximo programa electoral. Es triste que el PSOE tome esta decisión al cabo de tantos años y de tantas cesiones a la Iglesia Católica movido exclusivamente por interés electoral al verse angustiado y sobrepasado en todo lo demás. Pero el caso es que lo va a hacer. Dicen.
Cierto que no es una decisión fácil pues hemos llegado a un punto en que si bien se terminaría con las brutales ayudas económicas a la Iglesia – incapaz de autofinanciarse, como estaba legislado y como sería deseable para cualquier católico coherente -, también una resolución definitiva en tal sentido de ruptura, aun amistosa, acarrearía serias dificultades para hacerse cargo de la nueva situación, en especial en el terreno de la educación, por otra parte de imprescindible cambio. Esto facilitaría enormemente la consecución de un trascendental pacto de Estado de Educación, que ningún Gobierno ha conseguido y sin el cual España no podrá avanzar en serio.
Pero indudablemente merecería la pena: España dejaría de ser el casi único país de la Unión Europea con tal sumisión a la Iglesia Católica, con lo que ello comporta en el retraso y desarrollo de una separación efectiva y necesaria entre la Iglesia y el Estado. España entraría con plenitud en la modernidad cultural, política y religiosa. Dejaríamos atrás la lucha que ideológicamente más ha enfrentado y enfrenta solapadamente a los españoles: ni el laicismo respetuoso sería una ofensa a los creyentes y sus instituciones de organización y mando, ni los católicos, consciente o inconscientemente, impedirían a los no católicos consumar sus modos y deseos de vida. El Papa lo acaba de decir en Cuba: la Iglesia no está de acuerdo ‘con quienes se encierran en su verdad e intentan imponerla’.
De todas maneras, a mí esto me suena a aventura imposible. Es tan profundo y expansivo el sustrato secular de la España católica intransigente, que no acierto a creerlo. Las guerras de religión se han trasladado a lo cotidiano, y veo a cardenales, obispos, sacerdotes y fieles obtusos, diputados incluidos, batallando a muerte por el mantenimiento de la situación. Pero el PSOE tiene la obligación de impulsarlo y tratar de conseguirlo con el apoyo de millones de ciudadanos. Solo así recuperaría la decencia.

Puntadas sin hilo.