viernes, 31 de diciembre de 2010

- OBISPO DE CÓRDOBA Y HOMOSEXUALIDAD.

El obispo de Córdoba cree que la Unesco hará homosexual a la mitad de la población para 2020

Quedan dos días para la misa de la Familia en Madrid (esa a la que no acudir sería “pecar de omisión”) y los obispos parecen haberse lanzado a una carrera por ver quién se sale más del tiesto. Por ahora, parece haber tomado la delantera Demetrio Fernández, obispo de Córdoba que, en una Homilía sobre la Fiesta de la Familia asegura que el cardenal Antonelli, ministro de la Familia del Vaticano me comentaba hace “pocos días en Zaragoza que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”.

Después de que el obispo de Alcalá de Henares, el polémico Juan Antonio Reig Plá, asegurara que los matrimonios católicos son menos propensos a la violencia de género que el resto de uniones, parecía que nadie ni nada pudiera superarle en este 2010. Pero el obispo de Córdoba ha conseguido hacer un sprint final para superarle en la fotografía final de este año.
El plan de la Unesco.
Asegura Demetrio Fernández que la Unesco tiene un plan “para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”. “Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas” asegura el prelado en una homilía publicada en Infocatólica y pronunciada este domingo en la "Catedral (sic) de Córdoba".
El “plan de Dios”.
“Es decir, según la ideología de género, -explica el obispo- uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo”. Todo se trataría de una estrategia destinada a romper con el “plan de Dios” para la familia, que consiste, evidentemente, “en la unión estable de un varón y una mujer”.
La lista de Fernández.
Pero, por supuesto, hay muchos más peligros para ese plan en esta “cultura que quiere romper totalmente con Dios”. Y la lista, por conocida, no deja de ser extensa: “el crimen abominable del aborto”, “las facilidades para el divorcio”, “la anticoncepción en todas sus formas”…
Curiosa moraleja.
En cualquiera de los casos, Fernández no quiere dar la impresión de que busca obligar a los demás a hacer lo que la Iglesia manda, pero eso sí, que nadie haga lo que ellos no hacen: “No pretendemos imponer a nadie nuestra visión de la vida y de la familia, pero pedimos que se respete la visión que hemos recibido de Dios y que está inscrita en la naturaleza humana”. Que, aunque lo parezca, no es lo mismo.

Esta noticia se debería haber publicado el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, y no hoy, 31 de diciembre y último día del año. Demuestra como piensa y actúa la iglesia católica en el mundo, y en particular en España.

jueves, 23 de diciembre de 2010

- DESEOS.

¡¡¡ FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO 2011 !!!

sábado, 18 de diciembre de 2010

- BANCOS.

bancos

¡Qué razón lleva el abuelo!

viernes, 17 de diciembre de 2010

- ALARMA EN EL PP.

PP CONTROLADORES

El PP y su apoyo a la sociedad española. Son capaces de todo, hasta de hacer el pino con tal de no apoyar al gobierno en cualquier tema.

viernes, 10 de diciembre de 2010

- LIBERTAD RELIGIOSA Y LAICIDAD.

LIBERTAD RELIGIOSA Y LAICIDAD.

La noticia de la renuncia a legislar sobre la libertad religiosa ha sido saludada con alivio y hasta con alegría, como si se tratara de una victoria, por ciertos sectores dentro de la Iglesia. Esta opinión merece ser reflexionada sobre todo si quienes la sostienen parecen actuar como si las cosas no hubiesen cambiado en España desde hace treinta años. Esta postura, que puede ser comprensible desde un punto de vista, digamos, práctico, no lo es desde un punto de vista intelectual. Pretender guarecerse permanentemente tras los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 y tras la Ley de Libertad Religiosa de 1980, para no admitir o ni siquiera ver los cambios que se han producido en la sociedad española y en el seno de la propia Iglesia puede ser una conducta entendible, ha de insistirse, desde una perspectiva práctica pero no aceptable intelectualmente. Sería, en definitiva, negar una realidad, la de los cambios sociales producidos, que puede caer, que cae ya, sobre nosotros sin capacidad de asimilación ni de reacción.

El debate sobre la libertad religiosa, la laicidad y la definición del papel del Estado en su relación con el hecho religioso es inevitable y no puede despacharse con posiciones maximalistas y poco matizadas, aparentemente seguras y firmes, como las que muchos practican en el seno de la Iglesia. Por ejemplo, la calificación sin más de la secularización como grave problema puede inducir en ocasiones más a la confusión que a la claridad. Si no se explica o no se matiza esta afirmación, no es extraño que algunos crean que el rechazo de la secularización actual en España equivale a cierta añoranza de aquella España «religiosa» —católica, por supuesto— del franquismo y el nacionalcatolicismo. Quizá haya que dar la razón al islamista Oliver Roy cuando sostiene que la secularización no implica necesariamente un conflicto ni siquiera un divorcio con lo religioso. En su opinión, una sociedad secularizada puede seguir estando en sintonía con la cultura y los valores religiosos. Comenzar por admitir esto tal vez nos venga bien como católicos para replantearnos nuestro lugar y nuestro papel en un mundo inevitablemente secularizado.

Hace unas semanas el sacerdote Manuel María Bru hizo una llamada a la práctica de la «sana laicidad», esa a la que se refiere de forma insistente (y clarividente) Benedicto XVI y que tiene su origen en el Concilio Vaticano II. Y es que ciertamente olvidamos muchas veces que a esta sana laicidad estamos llamados también nosotros, los católicos, no sólo los «otros», el Estado y quienes no lo son. Sólo así, reconociendo el mundo y sus cambios, respetando «la legítima autonomía de las realidades terrenas», como concluyó el Concilio, estaremos en condiciones de ofrecer, —y no de imponer, como a veces puede parecer— ese Dios «que es amor y que quiere la felicidad de todos los hombres».

Este reportaje ha sido publicado en ABC (diario de derechas y católico, donde los haya) por César Hornero y donde demuestra que los laicistas no católicos no estamos equivocados en nuestros planteamientos de separar completamente la iglesia católica y la que sea del Estado y que cada una de las confesiones religiosas existentes en España se las apañe como pueda con las ayudas económicas y espirituales de sus fieles y no con el dinero de todos los españoles, seamos católicos o no. Que la religión se saque de las escuelas públicas concertadas y el que la quiera que se la pague de su bolsillo y fuera del recinto escolar, es decir, en la iglesia, sinagoga, mezquita, etc.

No estaría más que este artículo se lo leyesen muchos de los que se dicen católicos y que piensen que la vida no gira en torno a la religión sino en torno a la vida misma con los aditamentos que se quieran imponer cada uno libremente.